Stephen R. Koek Koek

Por Francisco Díaz Gianelli
lunes, 22 de octubre de 2007 · 15:14

Anécdotas del mago del color y de las formas

Nuestra ciudad lo tuvo como residente en los años veinte. Varios notables se han ocupado de Koek Koek, escribiendo sobre su enigmática, errante y bohemia vida. Los profesores Francisco Menta y Domingo Mundo, el poeta y secretario del diario La Nación, Nicolás Cócaro, el periodista J. M. Espigares Moreno, corresponsal del diario La Razón de Buenos Aires, en nuestro medio, aunque, como diría Menta "no son los únicos que han sido subyugados por este raro, como atractivo cultor de la pintura"; a mi me ha sucedido también. Quien me introdujo en la vida de Koek Koek es otro artista y de Chivilcoy, Hernando De Paulo. El comenzó a relatarme historias protagonizadas por el pintor en nuestra ciudad. Las mismas son fiel reflejo de su personalidad y de su bohemia innata.

Nada lo pinta mejor que la descripción del profesor Menta, que nos decía: "en el recuerdo de vecinos de nuestra ciudad, sobre todo de aquellos que han sentido inquietud por el arte de los pinceles, tienen en su memoria una imagen de Koek Koek como la de un acabado bohemio, cuya existencia se desplegaba desde una actitud aristocrática hasta los niveles más pobres, provocados por el alcohol y los alcaloides. Tan pronto vestía con una distinción de lord para caer en la miseria que le obligaba a atar su vestimenta con hilos. Pintó sobre tela, cartón, madera o cualquier trozo de material que pudiera sostener la combinación de colores y cuando carecía de esos elementos, se apoderaba de la madera de muebles desvencijados para realizar alguno de sus maravillosos paisajes".

Otra crónica de nuestra ciudad, nos da cuenta de una muestra realizada en el primigenio edificio del Colegio Nacional, que se realizó durante dos días, viernes y sábado. El primer día un señor y una dama muy bien puestos, dejaron $ 800 y una tarjeta personal, para retirar, al finalizar la exposición, un óleo elegido. La tarjeta pertenecía a Juan Domingo Perón, Capitán.


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Otra anécdota cuenta que el día viernes 21 de agosto de 1925, en el menú del restaurante Florida, y con la pluma fuente de su amigo chivilcoyano, lo cruzó así: A Eduardo Navarro Loveira, estas líneas en conmemoración de la exposición de mis obras en el Salón Vignes y de mi cuadro "Veleros en sol de mayo". Al frente, un banquero, al que debo 800 pesos, más los intereses. Tenga la soberbia serenidad de olvidarse. Hay que ser en la vida o no ser. Es decir: mandar o ser mandado. Y su firma, de trazos vigorosos como las pinceladas con que cubría sus telas.

A más de algunas historias de cierto vuelo romántico, también es importante recordar cuando en el Hotel Iglesias, donde por no pagar su habitación, lo dejaron afuera y por la noche quemaron sus pertenencias, entre las que había no menos de cien óleos.

La muerte de Koek Koek acontece en Santiago de Chile, el 20 de diciembre de 1934, por exceso de barbitúricos y alcohol.

Hoy el artista sigue vivo. Su pincel nervioso y vibrante no se esclavizó al dibujo, ni a una tela, lo podemos encontrar, ya en los alcanforeros de nuestras bellísimas plazas, como en los ocasos y amaneceres de las pampas argentinas.
 

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