Opinión
De Lillo pide que vuelva la inflación
Con los números de Chivilcoy en cualquier municipio el secretario de Hacienda estaría dando explicaciones o presentando la renuncia. Lejos de eso, Eduardo De Lillo se hace llamar el Messi de las finanzas. Lo cierto es que el único concepto futbolístico que maneja es patear deuda, patear vencimientos y patear responsabilidades.El Concejo Deliberante no va a votar una simple planilla, va a elegir una forma de gobernar. Específicamente, la de Guillermo Britos y Eduardo De Lillo que consiste en gastar por encima de los recursos, patear deuda, cerrar la información y después explicar que todo es apenas una “foto”.
El secretario de hacienda, De Lillo, afirmó que la Municipalidad no está fundida, que los números están en azul y que el RAFAM sólo muestra el cierre de diciembre. Lo paradójico es que la rendición de cuentas muestra otra cosa. Chivilcoy percibió alrededor de $49.677 millones y gastó cerca de $53.859 millones. El resultado fue un déficit de más de $3.500 millones. A eso se suma deuda flotante, excesos de gasto y compensaciones que el oficialismo intenta ordenar después de haber jugado el partido. En la jerga futbolera de De Lillo, el equipo perdió por tres goles, pero el técnico explica que el entrenamiento del lunes salió bárbaro. No es serio.
El secretario de Hacienda quiere instalar que el problema es cómo se mira el RAFAM. Pero el problema no es RAFAM. El problema es que RAFAM no hace campaña. Si muestra déficit, dicen que es una foto vieja. Si aparece un aumento salarial, hablan de gestión. Si hay deuda, dicen que es calendario. Si hay excesos, explican que son compensables. Y si la oposición pide acceso al sistema, De Lillo tira la pelota afuera.
Si los concejales tienen que pedirle acceso al presidente del Concejo, entonces el problema ya no es sólo De Lillo, también es Lucas Burgos. No alcanza con decir “pidan la clave”, hay que darla. Y si no se da, no es una demora técnica, es una decisión política. En una Municipalidad ordenada, el RAFAM se abre. En una Municipalidad que teme al control, el acceso se administra según la conveniencia política del oficialismo.
Durante años, la inflación ayudó a tapar el desorden. La recaudación subía en términos nominales, la coparticipación aumentaba, las tasas crecían y las deudas perdían peso con el paso del tiempo. Con inflación alta, De Lillo jugaba con viento a favor. Ahora que esa ayuda empieza a faltar, aparece la administración real, con una estructura pesada, rígida y desordenada. El vecino paga tasas con aumentos y aun así el municipio cierra en rojo.
La Rendición de Cuentas 2025 revela que la gestión del intendente Britos cerró con un rojo operativo superior al 8% entre recursos percibidos y gastos devengados. Para sostener ese déficit, la administración evitó transferir fondos descontados a los trabajadores con destino al IPS y al IOMA. En contraste, gastó $463 millones por encima del presupuesto autorizado en subsidios a “Cooperativas de Trabajo”. O sea, no es una diferencia menor, ni de una discusión técnica para contadores. Esta es la clara evidencia de una administración que cerró en rojo, acumuló deuda, demoró fondos sensibles y al mismo tiempo excedió partidas millonarias que deberían tener explicación pública, detalle y control político. De Lillo no está ordenando las cuentas, está pateando la pelota para adelante.
Hoy, se vota poder político. El britismo llega sin los números propios para aprobar una rendición atravesada por el déficit, por lo que la sesión pondrá sobre la mesa quiénes están dispuestos a sostener su rol opositor y quiénes terminarán facilitándole al oficialismo los votos que necesita para pasar una instancia incómoda.
Juan Ignacio Felice y Noelia Ramos Nicieza difícilmente acompañen la rendición. Martín Etcheverría tampoco aparece cerca de votar con Britos. Fuerza Patria, con Coty Alonso y Fernando Cabani, debería votar en contra si pretende no quedar jugando de suplente del oficialismo.
Por otro lado, Rosario Galland vuelve a perfilarse más cerca de acompañar al oficialismo, imitando la trayectoria de su líder político José Ferro. Las incógnitas pasan por Hacemos y los movimientos internos del peronismo.
Ahí es donde Britos suele mostrar su mayor fortaleza, esa la cintura política para encontrar los votos cuando las cuentas no alcanzan.
En síntesis, la votación no mostrará solamente si el oficialismo logra aprobar una rendición de cuentas complicada, también dejará expuesto el verdadero rol de una oposición. Deberán decidir si sostienen el mandato con el que fueron votados o si termina facilitándole al britismo los números que hoy no tiene. Porque si finalmente aparecen los votos para validar una rendición atravesada por semejante saldo negativo, alguien tendrá que hacerse cargo políticamente de haber acompañado al oficialismo en uno de sus momentos más delicados.