Cuando el insulto revela más que la política
“Ojalá Santiago Caputo fuera tan “mogólico” como mi hija”
Hasta cuando se permitirá que este gobierno mal utilice nuestra lengua, pero este dirigente, rubio de ojos claros, no puede seguir insultando a las personas con discapacidadHay palabras que no deberían usarse jamás como agravio. No por corrección política ni por temor al qué dirán, sino porque detrás de esas palabras existen personas reales, familias reales y vidas reales. Por eso genera indignación escuchar que un funcionario tan cercano al poder como Santiago Caputo utilice el término “mogólico” de manera despectiva para atacar periodistas en la red social X.
El episodio ocurrió en medio de una discusión política y mediática. Tras apuntar contra la cuenta @PeriodistaRufus, vinculada al entorno del presidente de la Cámara de Diputados, desde la cuenta asociada al equipo de Caputo respondieron: “Borrar la cuenta lo único que confirma es que es de ustedes, mogólicos”. Una frase brutal, cargada de desprecio y discriminación.
No es la primera vez que algo así ocurre dentro del universo libertario. El propio Javier Milei ya había quedado envuelto en polémicas similares y también Luis “Toto” Caputo fue cuestionado por expresiones del mismo tenor. Pero la repetición no vuelve aceptable lo inaceptable.
La Asociación Síndrome de Down de la República Argentina (ASDRA) viene señalando desde hace años que utilizar esa palabra como insulto constituye una forma de discriminación directa hacia las personas con discapacidad intelectual y sus familias. Y tienen razón.
Como padre, sinceramente, no logro entender qué es lo que alguien quiere expresar cuando usa esa palabra para humillar a otro. ¿Qué se supone que están diciendo? ¿Qué una persona con síndrome de Down vale menos? ¿Que merece burla? ¿Que debe ser asociada a algo negativo? Es imposible no sentir dolor frente a semejante nivel de desprecio naturalizado.
Ojalá Santiago Caputo fuera tan “mogólico” como mi hija. Ojalá tuviera su capacidad de amar sin maldad, de abrazar sin interés, de besarme todas las mañanas a sus 23 años con una ternura que muchos “normales” jamás conocerán. Ojalá entendiera que hay personas con una humanidad infinitamente más grande que la de quienes usan el odio y la descalificación como herramienta cotidiana.
La política argentina atraviesa una degradación alarmante del lenguaje público. Todo parece permitido: insultar, humillar, denigrar, aplastar al otro. Pero hay límites que una sociedad sana no debería cruzar nunca. Y uno de ellos es utilizar la discapacidad como un insulto.