Opinión

¿Podría cambiar de dueño la Bic de la Cuarta Sección Electoral en el peronismo?

Kicillof aparece como el prinicpal candidato a liderar el movimiento a nivel nacional, pero en nuestra región dicen que podrían producirse modificaciones, bajando el perfil de Zurro y elevando el de Lago.
lunes, 18 de mayo de 2026 · 08:01

La Cuarta Sección atraviesa un reordenamiento silencioso dentro del justicialismo, con nuevos nombres, estilos diferentes y una disputa de poder que ya empezó a mostrar señales

Durante muchos años, hablar del peronismo de la Cuarta Sección Electoral era, inevitablemente, hablar de Florencio Randazzo. La lapicera, el armado, las decisiones y el peso político regional pasaban en gran parte por Chivilcoy. Desde allí se definían candidaturas, estrategias y hasta silencios. La ciudad tenía centralidad, influencia y volumen propio dentro de una sección históricamente compleja, extensa y diversa.

Con el paso del tiempo, aquel poder comenzó a desplazarse hacia el oeste. El epicentro político se mudó a Pehuajó bajo la conducción de Pablo Zurro, uno de los dirigentes más confrontativos y fieles al kirchnerismo duro. Zurro construyó poder desde la intensidad discursiva, la presencia mediática y una identidad política marcada por el conflicto permanente como herramienta de posicionamiento. Durante años logró convertirse en una referencia obligada dentro del esquema seccional.

Sin embargo, la política cambia. Y cambia rápido.

Hoy la sensación dentro del justicialismo es que la lapicera podría estar iniciando un nuevo viaje. Esta vez hacia Alberti, con el senador provincial Germán Lago como uno de los nombres que empieza a emerger con mayor proyección regional.

Pero lo llamativo no es solamente el posible cambio geográfico del poder, sino el cambio de estilo.

Lago representa casi la contracara del modelo político que dominó la sección en los últimos tiempos. Perfil bajo, tono moderado, buena relación con distintos sectores, educación política, tacto en el diálogo y cero conflictividad innecesaria. En tiempos donde muchos dirigentes parecen construir desde el grito, el dirigente albertino apuesta a otra lógica: hablar menos, negociar más y evitar la exposición exagerada.

Eso no significa ausencia de poder. Al contrario. En la política bonaerense muchas veces los dirigentes más peligrosos son justamente los que menos levantan la voz.

Las semanas y meses que vienen serán claves para entender si este nuevo esquema logra consolidarse o si apenas se trata de un reacomodamiento transitorio dentro de un peronismo que todavía busca redefinir liderazgos después de años de verticalismos, internas silenciosas y acuerdos de supervivencia.

Y en medio de ese tablero aparece otro interrogante inevitable: ¿quién tiene hoy el “kicillómetro” de mayor poder dentro de la Cuarta?

La discusión ya no pasa solamente por intendentes o estructuras tradicionales. También se mide en terminales políticas, cercanía con el gobernador Axel Kicillof y capacidad de construcción hacia el futuro.

¿El mayor volumen está en la avenida Sarmiento? ¿En la calle Pirán? ¿En la calle Rivadavia?. Las direcciones no son casuales. Son señales. Son terminales de poder que empiezan a moverse mientras el peronismo intenta definir quién conduce, quién ordena y quién escribe la próxima etapa.

Porque en política la lapicera nunca desaparece. Simplemente cambia de manos. Y mientras tanto, la famosa BIC azul sigue buscando dueño.

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