Opinión
La astucia de Britos, los egos opositores y el camino de Coty Alonso
A poco más de un año de la elección municipal de 2027, el escenario político de Chivilcoy muestra sus primeras definiciones. El oficialismo enfrenta el interrogante de la sucesión mientras la oposición todavía no logra consolidar una alternativa. Alianzas, candidaturas y posicionamientos, tres cosas determinantes para el futuro del distrito y la configuración del mapa político local.El instinto de supervivencia de Britos
Para entender la política de Chivilcoy hay que aceptar un dato incómodo. Guillermo Britos es un animal político. No por la gestión, asunto discutible, sino por algo más determinante en el barro municipal como lo es el instinto de supervivencia. Ese radar fino que distingue a los intendentes que duran de los que pasan.
La escena que mejor ilustra a Britos fue la última negociación por la conducción del Concejo Deliberante. Venía de una mala elección. 15,85% de los votos y un inesperado tercer lugar. Aún así, el jefe comunal retuvo la presidencia del cuerpo en manos de Lucas Burgos. Pero su derrota tenía un costo. Cedió lugares y midió con frialdad hasta dónde estaban dispuestos a llegar los demás. La vicepresidencia quedó en manos de Rosario Galland, de Fuerza Chivilcoyana, y la secretaria fue para Juan Borre, de La Libertad Avanza. De haber negociado en conjunto, los violetas y los vecinalistas se hubieran quedado con la presidencia. Una vez más, la audacia de Britos de coquetear con ambos por separado los dejó apenas con las migas.
Existe una variable clave que podría reconfigurar el escenario antes de 2027. Britos transita su tercer mandato y la ley actual le impide presentarse nuevamente. Sin embargo, si avanza el proyecto de reelección indefinida de intendentes impulsado por Axel Kicillof, Britos podría volver a ser candidato y cambiar por completo el panorama. El oficialismo no tiene un heredero claro. Uno de los que suena es Eduardo De Lillo, pero su proyección es limitada y su gestión muy cuestionada por la oposición. Entre los perfiles más jóvenes aparece el nombre de Ezequiel Pinotti, aunque no hay señales de que el britismo decida impulsarlo.
Coty Alonso y la disputa interna del peronismo
El año pasado, Constanza Alonso dejó la banca de diputada nacional y volvió al HCD de Chivilcoy. Una apuesta que habla por sí sola: construir desde adentro del distrito. Su elección, que rozó los 40 puntos, posicionó muy bien a su espacio de cara al 2027. Pero el peronismo nunca vive sin internas. La presencia de Luciano Dellepiane —respaldado por Kicillof pero sin tracción real en Chivilcoy— y el peso simbólico del exintendente Darío Speranza mantiene abierta una negociación permanente. Dellepiane no amenaza a Alonso electoralmente, pero puede complicar la construcción previa. Disputar recursos, espacios y lealtades. El típico personaje que no gana pero molesta. Y después está Franetovich. Sin partido propio pero con recursos suficientes para armar uno cuando quiera.
Con dicho panorama, Coty Alonso está obligada a dar el paso inevitable en cualquier dirigente que aspira a gobernar, pasar de la niñez política a la adultez. Y ese salto, si se da de verdad, quizás implique una decisión que duele en el fuero íntimo pero que la estrategia dicta con claridad. Correrse. Posicionar a una figura con perfil acuerdista, más parecida en temperamento y método a Sergio Massa que al cristinismo duro. Fernando Cabani reúne esas condiciones. Un estilo que prioriza el acuerdo sobre la confrontación. El actual concejal también tiene en su haber un buen paso por la Dirección Ejecutiva Regional de PAMI. Con esa jugada, el peronismo tendría buena parte del camino despejado hacia la intendencia. En contraposición, apostar a la identidad de La Cámpora implicaría correr un riesgo innecesario.
Una oposición fragmentada
Los espacios que compiten con el kirchnerismo enfrentan un dilema estratégico. Tienen dos caminos. La unidad, difícil de articular y digerir para el electorado o una competencia abierta entre espacios para definir quién se consolida como la principal referencia. El peor escenario es llegar a la elección con varias candidaturas sin haber dado antes esa pelea. En ese caso los votos se dividen y todos pierden.
Con miras a la próxima elección, hay pocas certezas, una de ellas es que la oposición todavía no convirtió votos en poder real. Fuerza Chivilcoyana, del Dr. José Ferro, o La Libertad Avanza, conducida localmente por Federico Feminella, aparecen más como expresiones electorales que como estructuras capaces de disputar la intendencia. Dependen de factores externos como una ruptura del peronismo o el regreso activo de Franetovich. Sin esos escenarios, la matemática es menos romántica.
El límite político de José Ferro
El problema de José Ferro es tan persistente como elocuente. El ego corre más rápido que la estrategia. Su historia política carga con la sombra inevitable de su padre, el exintendente José María Ferro. Más que seguir ese modelo, parece convivir con esa herencia como una deuda pendiente. La realidad es más austera. Fuerza Chivilcoyana se conformó con negociar posiciones menores a cambio de acompañar al oficialismo. Se sentó en la mesa del directorio, pero no controla las acciones.
En política opera y prepondera una regla que los consultores conocemos bien: los gobiernos se evalúan menos por sus logros que por la percepción que construyen en el electorado. Lo que decide una elección es la imagen mental que el votante tiene del dirigente. La sensación. Nadie vota a Ferro porque haya recorrido municipios de la provincia de Buenos Aires en busca de ideas superadoras para Chivilcoy. Esa actividad puede ordenar la agenda de un dirigente con aspiraciones, pero rara vez mueve el amperímetro electoral. El votante común funciona con preguntas más simples. ¿Es buen médico?, ¿es una persona decente?, ¿cumple su palabra?, ¿enfrenta los problemas o los esquiva?
La Libertad Avanza y el problema de construir poder
La situación de La Libertad Avanza tampoco es entusiasta. Tras la euforia electoral, su desempeño legislativo fue discreto y comodo. El bloque es encabezado por Juan Ignacio Felice y secundado por Noelia Ramos Nicieza. Ella de origen PRO, aliada táctica del espacio libertario. Comenzaron con una decena de iniciativas centradas en pedidos de informes sobre personal municipal, cámaras de seguridad, inmuebles y el basural. Mucho control administrativo pero poca vocación de poder. Con esa premisa, la fuerza disruptiva empieza a parecerse demasiado a la Coalición Cívica de Elisa Carrió. Diagnósticos morales impecables y capacidad ejecutiva discutible.
Detrás del armado libertario aparece Federico Feminella. El hoy director de PAMI, en 2025 intentó acceder a una banca en el HCD, pero no pudo por el sistema de cocientes. En privado desliza que ya tiene en mente un nombre para disputar el municipio en 2027. Alguien que ni siquiera participó de la elección del año pasado, una figura nueva para el electorado. Suena idílico. Esto mismo se repite en muchos municipios de PBA. El candidato “nuevo” guardado hasta último momento. Una forma de no jugarse, de esconder las cartas. Una apuesta que, de realizarse, rara vez funciona. Ningún nombre se instala de la noche a la mañana.
Mientras tanto, la innovadora propuesta para este año es salir a hacer choripaneadas por los pueblos de Chivilcoy. La teoría es “las elecciones se ganan en el votante urbano concentrado, no en la periferia”. Ignorar eso tiene costos comprobados. El Menemóvil recorría el conurbano sabiendo exactamente a quién le hablaba. Más cercano en el tiempo, Paoltroni perdió la gobernación de Formosa contra Insfrán por distraer recursos y energía en movimientos indígenas de la periferia en lugar de consolidar al votante de la capital provincial. Acciones como esta pueden generar una linda foto, raramente un intendente.
Hay además un riesgo que principalmente LLA debería considerar. Si no ordena su estructura local, ese vacío podría habilitar una jugada maestra de Britos. Levantar el teléfono, llamar a Sebastián Pareja y ofrecer financiamiento y estructura a cambio de elegir el candidato. Una maniobra así dejaría patas para arriba todo el armado libertario de Chivilcoy. El jefe comunal es el principal interesado en que los violetas permanezcan quietos. Cuanto menos se muevan, más margen de negociación tiene él.