El liderazgo político: elemental, desconocido y subestimado

Más allá de las críticas, la ausencia de conducción opositora consolida el escenario político actual.
domingo, 12 de abril de 2026 · 08:00

Guillermo Britos sigue gobernando Chivilcoy y, más allá de simpatías o críticas, hay una realidad difícil de discutir: nadie logra disputarle el poder de forma consistente. No faltan dirigentes. Falta conducción. La política local está llena de perfiles que administran espacios, pero pocos dispuestos a construir poder. Esa diferencia explica más de lo que parece.

En términos prácticos, el poder se apoya en tres dimensiones: dinero, fuerza e influencia. La más compleja es la última, porque no se compra ni se hereda. Se construye.

Max Weber plantea una distinción incómoda. No entre buenos y malos, sino entre quien administra dentro de una estructura y quien asume la responsabilidad de conducir. El político no solo ordena voluntades. También absorbe costos, carga con consecuencias y responde por ellas. Juan Domingo Perón lo sintetizó con claridad: la política no se aprende, se comprende. Y solo desde esa comprensión puede ejercerse racionalmente. No construyó poder desde un cargo, sino desde la capacidad de interpretar y organizar demandas reales.

El dinero y la fuerza requieren estructura y recursos. La influencia, en cambio, parece inmediata. Por eso es la más codiciada. Pero en la práctica no existe aislada. Depende de legitimidad, organización y capacidad de imponer límites. Sin respaldo, se desvanece. No alcanza con un cargo, un aval o un mensaje para que las cosas sucedan.

Hace poco hablé con un joven dirigente local. Su referente, desgastado, buscaba correrse de la gestión cotidiana sin perder centralidad. La idea era que otro ejecutará mientras él seguía siendo la cara visible. El problema no era el esquema, sino la premisa. En política, el poder no se delega de esa forma. Se ejerce. Y si no lo ejerces, alguien más lo hace.

Pensar que uno decide y otro aparece es no entender cómo funciona una estructura política. Puede sostenerse en una empresa, donde los roles están definidos. En política, genera disputa interna y debilita al espacio.

Hay un punto más delicado. La falta de cuestionamiento propio. Creer que porque te eligieron sos el indicado es un error básico. Si esa confianza no está respaldada, te expone. El ego no construye poder. Conducir, en cambio, implica ordenar, sostener y validar en la práctica.

El tiempo también juega. No siempre es momento para avanzar. Saber cuándo intervenir y cuándo esperar es parte del liderazgo. Apurarse sin estructura no es audacia. Es quedar expuesto antes de tiempo. La política es un sistema que se prueba de forma permanente. Si no estás preparado, te reemplaza.

Un dirigente que pierde contacto con la realidad termina creyendo más en su relato que en lo que ocurre. Ahí aparece una de las razones por las que Britos sostiene su gestión hace tantos años. Una oposición más cómoda administrando que conduciendo. Incluso donde se esperaba tensión o renovación, predominó la inercia. Cuando la política se vuelve cómoda, deja de ser política. Y en ese terreno, el que gobierna siempre tiene ventaja.

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