Caso
Y un superior dijo: Vos sabes quién soy yo…
Aquellos que utilizan su posición para humillar, olvidan una verdad fundamental: el poder revela quién eres, no te convierte en alguien superior.Hace días me encontraba en una estación de servicio cargando combustible, y aprecio una situación, donde una persona de muy mala manera le dice a un joven playero, carga esto a nombre de X. El playero no oye bien y se acerca a la persona a repreguntar, y lo que recibe como respuesta fue: te dije cargalo a nombre mío soy … o “no sabes quien soy yo”. Ante esta situación, conversaba con la persona que me cargaba el combustible, filosofando sobre qué increíble es la vida, como un cargo puede confundir tanto a las personas, y creer que humillar a la gente puede traerles algún beneficio a su ego disminuido.
Y de hecho, les traigo a colación, la reciente resolución del Superior Tribunal de Justicia (STJ), que sancionó a dos empleados judiciales por maltrato laboral —uno por ejecutor y otro por omisión—, no es sólo un fallo administrativo; es un recordatorio jurídico y ético sobre la fragilidad del poder. En los pasillos de la administración pública y privada, suele gestarse un fenómeno patológico: el "mareo de las alturas", donde un escritorio o un cargo obnubila la noción de respeto hacia el par.
Jurídicamente, el fallo es impecable e invoca el Convenio 190 de la OIT. Este tratado; es una norma que reconoce que la violencia y el acoso son incompatibles con la dignidad humana. Al aplicar también la Ley 26.485, el Tribunal subraya que las expresiones denigrantes y humillantes no son "gajes del oficio" ni "cuestiones de carácter", sino transgresiones legales graves.
Lo más relevante de este caso es la responsabilidad del jefe por su inacción. El derecho moderno es claro: el superior jerárquico tiene una posición de garante. Quien permite el maltrato bajo su ala es tan responsable como quien lo ejecuta. De hecho parte de la sanción, no fue sólo atacar el bolsillo con suspensión de empleo, sino además tuvieron la obligación de realizar un curso de liderazgo y con ello el mensaje fue claro: mandar no es lo mismo que liderar.
Por ello, como siempre digo la vida es un carrusel, hoy toca estar en la cima, mañana tal vez el llano. Porque la jerarquía es un estado transitorio, no un atributo eterno.
Muchos parecen olvidar, que el cargo es prestado. Las estructuras institucionales son dinámicas y los organigramas cambian. El que hoy firma la suspensión, mañana puede estar necesitando un favor del suspendido. Por ello, no importa cuán alto sea el pedestal donde alguien crea estar sentado; la ley siempre debe ser el nivel que iguale el trato humano. Aquellos que utilizan su posición para humillar, olvidan una verdad fundamental: el poder revela quién eres, no te convierte en alguien superior.