Seguridad en Chivilcoy
Cuando el relato oficial nos quiere convencer de que la inseguridad es una sensación
El oficialismo intenta instalar la idea de un cambio de 360 grados respecto de la gestión Pertosa y su reemplazante Dabi. Sin embargo, detrás de los anuncios y las estadísticas difundidas, surgen interrogantes sobre prevención, esclarecimiento y comunicación pública.En política, pocas áreas son tan sensibles como la seguridad. Y pocas, también, tan proclives a los relatos grandilocuentes. En Chivilcoy, la actual conducción del área intenta mostrar un punto de quiebre absoluto respecto de lo que se venía haciendo durante la gestión de Pertosa y su reemplazante Dabi. Como si se hablara de un antes y un después, de un “cambio de 360 grados”, de una nueva etapa. Pero si el giro es de 360 grados, en rigor se vuelve al mismo punto de partida.
Observando la cataratas de información de prensa que envían desde la Secretaría de Seguridad a diario elogiando lo que realizan, nos hizo dudar y fuimos en la búsqueda de un especialista como Carlos Alberto Perillo, quien conoce el tema como pocos y más aún en su ciudad natal.
Uno de los ejes discursivos más repetidos en las últimas semanas fue el supuesto esclarecimiento de 32 hechos delictivos.” La cifra, presentada como muestra de eficacia, merece al menos un análisis básico-afirmó el especialista consultado-. Históricamente, la estadística de la Policía de la Provincia de Buenos Aires indica que el porcentaje de esclarecimiento posterior al hecho —es decir, excluyendo flagrancias— oscila entre el 10 y el 20 por ciento.
Si se toma el porcentaje más optimista (20%), y se parte de la base de 32 hechos esclarecidos, la pregunta inevitable es cuántos no lo fueron. La matemática es simple: si 32 representan el 20%, entonces el universo total rondaría los 160 hechos. Es decir, aproximadamente 128 delitos no esclarecidos.
La discusión no es técnica, es conceptual. Cuando se comunica un número aislado sin contexto estadístico, se corre el riesgo de construir una percepción artificial de eficacia. Mostrar 32 casos resueltos sin explicar la proporción sobre el total puede convertirse más en una herramienta de marketing que en un indicador serio de política pública”.
Y aquí aparece otro punto clave: el paradigma de la seguridad.
Perillo nos dijo al respecto “Ya en 1829, Sir Robert Peel —considerado uno de los padres del modelo policial moderno— sostenía que la eficacia de una fuerza de seguridad se mide por los delitos que no ocurren, no por los que logra resolver después. La prevención y la resolución temprana de conflictos son la base de cualquier sistema moderno. La espectacularización del “esclarecimiento” posterior es, en todo caso, un remedio tardío”.
En ese marco, el debate en Chivilcoy debería ir más allá de la comparación personal entre funcionarios. No se trata de quién comunica mejor o peor, ni de si uno es más firme que otro. El problema es estructural: ¿hay un plan integral de prevención? ¿existe una política sostenida de análisis criminal? ¿se articulan acciones con el sistema judicial y con políticas sociales?
Porque cambiar nombres no implica necesariamente cambiar estrategias.
Al mismo tiempo, tampoco puede negarse que toda transición trae consigo ajustes. La actual gestión busca diferenciarse del esquema anterior, marcando límites y endureciendo criterios en determinados aspectos operativos. Ese enfoque puede generar mayor disciplina interna, pero también tensiones políticas y administrativas.
La seguridad, además, no se construye solo desde el despacho. Requiere coordinación, capacidad técnica, conocimiento del territorio y, sobre todo, prudencia comunicacional. Inflar expectativas suele ser el primer paso hacia la frustración pública.
Chivilcoy, como tantas ciudades del interior bonaerense con dinámicas cada vez más complejas, atraviesa procesos de crecimiento y transformación que impactan directamente en la conflictividad urbana. Pensar que el problema se resuelve con un simple “cambio de 360 grados” puede resultar, como mínimo, simplista.
La ciudadanía no necesita relatos épicos ni estadísticas descontextualizadas. Necesita información clara, políticas coherentes y resultados medibles en el tiempo. Porque en seguridad, más que anuncios, lo que cuenta es la realidad cotidiana.