Chivilcoy después de las urnas
“Hay muchas escobas nuevas… habrá que ver si barren mejor”
Peronistas divididos, libertarios en suspenso y un britismo que se desangra, faltan tres meses, una eternidad, pero el momento de las roscas comenzó.El domingo electoral en Chivilcoy dejó más preguntas que respuestas, y un aire enrarecido que promete meses de especulación y rosca hasta diciembre. La victoria fue para Fuerza Patria, conducido localmente por la licenciada Constanza Alonso, que logró consolidarse como la única fuerza peronista con boleta, aunque sin esa unidad que se viene reclamando desde hace años. El peronismo ganó, sí, pero lejos de mostrar una foto de familia: lo hizo con los parientes distanciados y las sillas vacías en la mesa. Eso sí, con la suficiente fuerza para marcarle la cancha al britismo, que parece haber empezado su cuenta regresiva.
El segundo lugar fue para La Libertad Avanza, con un protagonista que le da al guión político local un giro de novela: Juan Felice, ex alfil de Guillermo Britos, convertido hoy en opositor con discurso de ruptura. Su verdadera prueba no fue el domingo, sino lo que vendrá en diciembre, cuando se elijan las nuevas autoridades del Concejo Deliberante. Allí se sabrá si Felice está dispuesto a ser el martillo que rompa la hegemonía britista, o si prefiere el más cómodo camino de las negociaciones, con su correspondiente intercambio de favores, cargos y sillones. Es decir, veremos si llegó para cambiar el rumbo o sólo para encarecer el precio de sus votos.
Para el oficialismo de Primero Chivilcoy, la derrota electoral fue apenas el primer golpe. El segundo llegó como un cross de derecha apenas 24 horas después: la renuncia de su principal referente en el HCD, Natalia Giorgetti. Una dimisión que intentó disimularse bajo el rótulo de “cuestiones personales” pero que no convenció a nadie. En política, las renuncias nunca son personales, y mucho menos después de un domingo de derrota. El bloque no sólo quedó disminuido en las urnas, sino también en su estructura interna, con un Britos cada vez más solo, más aislado y más alejado de su propio ejército, perdiendo nada menos que una de las pocas políticas que le quedaban, como su Presidente de bloque.
El escenario que se abre en el Concejo Deliberante parece más una mesa de póker que un recinto deliberativo. Allí, figuras con menos votos pero con alto poder de negociación serán claves. La concejal María Rodríguez (Hacemos Chivilcoy) y Rosario Galland (Fuerza Chivilcoyana) tienen en sus manos la posibilidad de inclinar la balanza hacia un lado u otro. En un cuerpo fragmentado, sus decisiones no serán menores: pueden transformarse en árbitros de cada sesión o en convidadas de piedra, según elijan jugar.
Otro actor que promete condimentos es el contador Martín Etcheverría, que con pragmatismo quirúrgico parece cerca del Frente Patria, aunque con la virtud de mantener su unibloque. Nadie duda que acompañará, pero siempre con un pie afuera, “por si las moscas”. La experiencia enseña que en Chivilcoy los aliados de hoy pueden no serlo mañana, y Etcheverría parece decidido a no quemar todas sus naves de entrada.
Mientras tanto, la pregunta central es qué hará Britos en este nuevo mapa. Con diez años de gestión encima, el desgaste es evidente, y ahora enfrenta un Concejo que, lejos de responderle mansamente, empieza a mirarlo con lupa y a discutirle los movimientos. Su mayor desafío no está en la oposición, sino en el reacomodamiento de su “extraordinario equipo” y en la diáspora de aliados que antes le juraban lealtad eterna y hoy ya no le atienden el teléfono.
En este escenario, Fuerza Patria emerge como la apuesta de futuro. Pero no conviene confundirse: no ganó porque logró unidad, sino a pesar de su eterna incapacidad de unirse. Alonso consiguió encabezar, ordenar y darle identidad a una fuerza que encontró más fortaleza en la debilidad ajena que en su propia cohesión. Aun así, la victoria marca un antes y un después, con un peronismo que empieza a oler la posibilidad concreta de volver al poder local.
Lo que se viene en los próximos dos años en Chivilcoy será, en el mejor de los casos, un equilibrio inestable. El Concejo promete sesiones largas, discusiones ásperas y negociaciones al límite. Felice tendrá que mostrar si es opositor en serio o si se sienta a la mesa del toma y daca; las concejales minoritarias medirán el precio de su voto; Etcheverría mantendrá su calculadora encendida; y Britos intentará sostener un liderazgo cada vez más resquebrajado.
En la política local, tres meses son una eternidad, y diciembre será la primera estación de control. Hasta entonces, todo es suspenso, rumores y operaciones de pasillo. Como dice el refrán, hay muchas escobas nuevas… habrá que ver si barren mejor o si terminan juntándose con los restos que ya quedaron pegados al palo después de diez años de desgaste.