Opinión
¿Concejales o caras bonitas?
Por Diego Manusovich¿Cómo elegirán los partidos políticos chivilcoyanos a sus candidatos para las próximas elecciones? ¿En qué prestarán atención? ¿Al carisma? ¿Al encanto personal? ¿A la cantidad de gente que conozca al fulano? ¿A la sonrisa y los hoyuelos simpáticos que tenga en sus cachetes? ¿A su militancia y su capacidad para llevar gente a los actos partidarios? ¿Cómo elegirán los partidos políticos chivilcoyanos a sus candidatos para las próximas elecciones?
La vara política está tan baja que la misión real de un concejal puede escurrirse. Un concejal debe ser un “apasionado por comprender las tramas sociales de su entorno y promover proyectos de ordenanzas que puedan crear desarrollo en sus comunidades”
¿Qué análisis harán los referentes políticos locales para elegir a esos candidatos a concejales? ¿Harán una compulsa de ideas y propuestas? ¿Habrá un comité de evaluación en cada partido político? ¿Ya hay un corpus de proyectos que cada agrupación viene trabajando y que están listos para competir en la arena electoral de octubre?
Ya están pasando los primeros dos años de este cuerpo legislativo local vigente. Puede que algún representante tenga una chispa más que el resto, pero en perspectiva, nuestro concejo deliberante vibra con similar modorra que el ejecutivo.
Afuera, en el llano, conozco mucha gente capaz que haría “saltar la banca” de proyectos e inquietudes si fuera concejal electo por el pueblo. Pero el problema, casi recurrente, es que hay muchísima gente valiosa que ni se le ocurre participar electoralmente. La política tiene mala prensa y sus estructuras internas suelen coaccionar y someter a sus militantes, arruinando en muchos casos ese entusiasmo primero.
Por lo tanto, hay como un problema endémico en estas democracias de baja intensidad que es necesario rever hacia el futuro. Si la gente brillante no quiere ser parte del desarrollo público de una ciudad, entonces debemos resignarnos a elegir, muy a pesar nuestro, a los que más fuerte le peguen al bombo o tengan amigos a escala provincial o nacional.
Una pena, un círculo vicioso que nos hunde más en la desesperanza.
¿Alguna agrupación política nos sorprenderá esta vez?
Seguimos pensando.-