Reflexiones
Inteligencia Artificial: aquí hay dragones I
Por Lucas CortianaEn el umbral de la era televisiva, la novedad de ver imágenes en movimiento en una pantalla fascinó a todo el mundo. Casi como en una visita de los gitanos a Macondo, enseñando el imán o el hielo, la televisión provocaba la excitación en una mixtura entre ciencia y acto de magia. Algo de eso había: la proyección de imágenes mediante rayos catódicos requerían del neófito más de una prueba de fe que de un compromiso con la tecnología. Y había también una promesa de entretenimiento y conexión con el mundo, un canto de sirena que seducía y conducía al público que se juntaba alrededor de la radio hacia las costas de la pantalla chica.
Claro que su aparición generó asimismo preocupaciones y críticas. Algunos se preguntaban por la influencia que la televisión podía tener sobre la sociedad, la cultura y la familia, otros si reemplazaría a los medios ya conocidos y otros más cuestionaban su impacto en la moralidad y los valores tradicionales. No había respuesta todavía para los vacíos espirituales ni soluciones concretas a los problemas que se pronunciaban con voz balbuceante, pero se generaban teorías que apelaban a la conciencia, proponiendo ?más que una distinción entre bueno o malo? una visión pesimista del futuro aunque probable, que más tarde se conocería como “sociedad orwelliana” o “distopía”.
II
Entre los grandes pensadores, es conocido que Theodor Adorno desarrolló el concepto de “duplicado del mundo”, entendiendo a la televisión como una copia o réplica de la realidad, pero que no es la realidad en sí misma. Una construcción artificial, creada por la industria cultural para entretenimiento y manipulación de las masas. Pero, ¿había algo de cierto en sus hipótesis? ¿Sólo estaba investigando los alcances de una fantasía descabellada o quería sacudir a una sociedad aletargada? ¿En qué momento de nuestro presente llegó el futuro “orwelliano”?
El concepto de Doppelgänger puede ser aplicado a la Inteligencia Artificial. El término fue acuñado por el novelista Jean Paul en 1796 y significa literalmente “el que camina al lado”, pero con un aura fantasmagórica, como el doble de una persona o un “gemelo malvado”. La IA, especialmente la que utiliza algoritmos de aprendizaje automático puede ser vista como el “duplicado del mundo” de Adorno o el “gemelo malvado” de Jean Paul, en el sentido de que crea una representación artificial del mundo (cómo olvidar aquellas fotos del Papa caminando por el Vaticano con un atuendo similar al usado por raperos cuando empezábamos a entender la complejidad y los peligros de las incipientes IA).
La seudorrealidad que nos presenta la IA es un laberinto de espejos. Es fácil perder la noción de lo que es real y lo que no. Todo parece idéntico, igual, mejor. Los rasgos, la fidelidad. No es posible reconocer lo que es de lo que no es. La IA de lógica fría y calculadora ha creado un mundo paralelo. Habrá incluso que vigilar el sueño, no vaya a ser cosa que al despertar no se sepa en qué mundo estamos, si en este o en aquel, como en Matrix, como en el País de las Maravillas.
¿Qué significa esto para nuestra humanidad? ¿Qué implica vivir en un universo donde realidad y ficción se confunden? ¿Por qué seguimos adelante?
III
El ser humano teme a lo desconocido y evade los cambios, pero al final, preso de una curiosidad anudada a los sueños todavía empeñados, sale a explorar. Eso fue lo que sucedió con los exploradores de hace seiscientos años. Los cartógrafos del siglo XV usaban la expresión Terra incognita para designar las tierras desconocidas por la civilización occidental. Apoyados en mitos populares solían agregar a sus mapas referencias fantásticas como “hic sunt dracones” (“aquí hay dragones" en latín) o “Mare tenebrosum” o “Regio monstruosa” que no necesitan traducción. Los marinos salían igual, pese a todo mal augurio. La televisión, en algún momento, tuvo la etiqueta de “aquí hay dragones”. Hoy día esa etiqueta la lleva la IA.
La IA es el dragón del siglo XXI, un símbolo de lo que no entendemos, de lo que nos asusta y atrae. Un lugar en el mapa que el ser humano mismo ha trazado, con los límites intencionalmente desdibujados: lo humano, lo artificial, lo inteligente, lo programado, las neuronas, los algoritmos.
La televisión, en su momento, fascinó como un espectáculo de ilusionismo; cómo podía ser que una caja de madera fuera ese caleidoscopio que multiplicaba el mundo. La IA genera una desconfianza y miedo sin precedentes, en especial desde que los drones comenzaron a entregar paquetes en áreas remotas reemplazando al cartero tradicional o nos enteramos de que existe una base de datos con nuestras fotos. Esto sumado a la presunción apocalíptica de que algún día pueda tener conciencia y sentimientos y de que Elon Musk nos acerque “el día del juicio final” que fantaseó Hollywood: él mismo dijo, “es potencialmente más peligrosa que las armas nucleares”.
El hombre siempre se preguntará qué tipo de dragones habrá en las tierras todavía no conquistadas. La experiencia humana se presenta en esos desafíos. Y en la reflexión, también. ¿Qué significa ser humanos en una era donde la tecnología nos rodea y nos define?