Opinión
Perros sin dueño y controles ausentes: una combinación que alarma
La presencia creciente de perros sueltos expone a los vecinos a situaciones de riesgo innecesarias, mientras la falta de control municipal y la irresponsabilidad de muchos dueños agravan un problema que exige medidas urgentes.Caminar por las calles de Chivilcoy dejó de ser algo cotidiano para transformarse, por los perros sueltos, en una experiencia peligrosa. Los casos de animales callejeros se multiplican en distintos puntos de la ciudad, tanto en el centro como en los barrios periféricos, y la falta de control es cada vez más evidente.
No se trata de una exageración. Hay casos de mordeduras, caídas y situaciones de verdadero peligro al ser atacados o perseguidos por animales sin identificación. Lo más grave es que en muchos casos no se puede establecer la propiedad del perro, lo que obliga a las víctimas a iniciar tratamientos preventivos contra la rabia, con el costo económico y emocional que esto implica.
La responsabilidad de los propietarios es innegable. Soltar perros en la vía pública, dejarlos “andar solos” o permitir que circulen sin correa no es un acto de libertad, sino una forma de negligencia. Más grave aún cuando se trata de animales con antecedentes de agresividad, que continúan en la calle sin ningún tipo de restricción.
Pero la responsabilidad no termina ahí. La Municipalidad también forma parte de este problema. La ausencia de controles efectivos, la intensificación de campañas sostenidas de castración, identificación y registro de animales, y la inexistencia de sanciones visibles generan un escenario de total impunidad.
A pesar de los reiterados reclamos vecinales, la situación persiste y se agrava paulatinamente.
Los perros no son los culpables. El verdadero problema es el abandono, la irresponsabilidad y la falta de políticas públicas reales. No se puede aceptar como normal que una persona mayor, un niño o un ciclista teman ser atacados al salir de su casa.
Chivilcoy necesita decisiones firmes y urgentes. Controles reales, multas efectivas, campañas masivas y una voluntad política concreta para resolver una problemática que ya dejó de ser menor.
Porque cuando caminar por una vereda se convierte en un riesgo, el problema ya no es el perro: es la desidia.