Discapacidad
La accesibilidad urbana, una deuda pendiente en Chivilcoy
Una ciudad inclusiva no se encuentra en sus obras de embellecimiento, se mide en algo mucho más sencillo y profundo, la posibilidad de que todas las personas puedan circular sin depender de la ayuda ajena.En pleno siglo XXI, la accesibilidad sigue siendo una deuda pendiente en Chivilcoy. Si bien en los últimos años se han construido rampas en distintas esquinas, la mayoría de ellas están mal diseñadas, con pendientes excesivas, terminaciones bruscas, destruidas en algunos casos y hasta autos estacionados. En lugar de ser una solución, muchas veces se convierten en un obstáculo más.
El panorama no mejora al recorrer los comercios céntricos. Según estimaciones extraoficiales, cerca del 80% de los negocios locales no cuentan con accesos adaptados, lo que limita la autonomía de quienes se desplazan en silla de ruedas, con bastón o tienen movilidad reducida. En varios casos, ni siquiera se contempla una rampa portátil o una alternativa que permita el ingreso. El problema se agrava cuando se trata de consultorios médicos o instituciones de salud; espacios que, paradójicamente, deberían garantizar el acceso universal presentan escaleras o puertas estrechas imposibles de sortear sin ayuda.
Caminar por las veredas también es un desafío. Baldosas levantadas, grietas, desniveles y calles sin rampas en las esquinas conforman un paisaje que expulsa a una parte de la ciudadanía. A esto se suma la falta de señalización adecuada en espacios públicos, lo que dificulta aún más la movilidad de personas mayores, con discapacidades visuales o motrices.
Esta situación no es un simple detalle urbanístico, es una cuestión de derechos. La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, a la que Argentina adhiere, establece la obligación de los Estados de garantizar el acceso en igualdad de condiciones al entorno físico, el transporte y las instalaciones públicas y privadas de uso abierto al público. Sin embargo, en la práctica, la distancia entre la norma y la realidad sigue siendo enorme.
“La accesibilidad no es un lujo ni una concesión, sino un derecho básico”
Chivilcoy necesita un plan integral de accesibilidad que no se limite a la construcción aislada de rampas, sino que contemple veredas transitables, transporte inclusivo, controles efectivos y la obligación real de que los comercios cumplan con la normativa. También es clave la capacitación, arquitectos, ingenieros, comerciantes y funcionarios deben entender que accesibilidad no es un lujo ni una concesión, sino un derecho básico.
La verdadera medida de una ciudad inclusiva no se encuentra en sus obras de embellecimiento, se mide en algo mucho más sencillo y profundo, la posibilidad de que todas las personas puedan circular, comprar, atenderse en un médico o disfrutar de una plaza sin depender de la ayuda ajena.
Hasta que eso no ocurra, Chivilcoy seguirá teniendo una deuda pendiente con quienes más necesitan, que se piense en ellos.