Casos / Por Dr. Emmanuel Langone
El maltrato cotidiano en el ambiente laboral y sus secuelas psicológicas
"El maltrato psicológico, conocido como mobbing, que transforma el espacio de trabajo en un campo minado de humillaciones sutiles y sistemáticas".En el corazón del Poder Judicial de Avellaneda-Lanús, un abogado de 49 años, Gustavo Gabriel Jáuregui, decidió romper el velo del silencio que tanto daño causa. Secretario en un Juzgado, Gustavo no sólo denunció a su superiora, la Jueza Gilda Maltas, por hostigamiento y violencia laboral, sino que también realizó una carta pública que hoy resuena como un grito de auxilio tardío. Desapareció por tres días, el hombre dejó tras de sí palabras que destilan agotamiento y desesperación: "Me cansé de luchar por algo tan simple como poder trabajar sin violencia y a ser respetado, ya no como Secretario, sino como un ser humano". Y en un adiós que eriza la piel, añade: "por eso me despido de este mundo ya que no tolero más nada de todo esto". ¿Cuántas voces como la de Gustavo se ahogan en el anonimato de las oficinas antes de llegar a este punto de no retorno?
El caso de Jáuregui no es un aislado drama personal; es el reflejo crudo de un mal endémico en el ámbito laboral argentino: el maltrato psicológico, conocido como mobbing, que transforma el espacio de trabajo en un campo minado de humillaciones sutiles y sistemáticas.
En su misiva, el abogado detalla cómo la jueza le negó vacaciones sin justificación, retuvo fotos y dibujos de su hijo —símbolos de su humanidad más íntima— y hasta forzó la cerradura de su escritorio para arrojar sus pertenencias a un cuarto vacío, todo sin su conocimiento. No eran reclamos laborales, eran venganzas personales camufladas bajo el manto de la autoridad. "Hostigar a un magistrado, funcionario o empleado por cuestiones personales y escondiéndose en facultades que otorga la ley, habla de un actuar muy cobarde", escribió tajantemente en su carta. Pero el verdadero horror no radica sólo en los actos, sino en el daño invisible que estos siembran en el alma. El maltrato laboral genera un deterioro psicológico profundo, clasificado en la jurisprudencia y la medicina laboral argentina como "Reacción Vivencial Anormal Neurótica" de distintos grado.
Estas categorías, derivadas de evaluaciones en casos de estrés postraumático ocupacional, describen situaciones donde el individuo enfrenta un "desarrollo vivencial anormal con manifestación depresiva, con manifestación fóbica, con manifestación obsesiva compulsiva, con manifestación psicosomática, con manifestación histérica o con manifestación hipocondriaca" que altera su capacidad emocional y cognitiva.
El mobbing no sólo ataca el rol profesional; deshumaniza al individuo, convirtiéndolo en un paria invisible. Estudios y fallos judiciales abundan en testimonios similares: empleados que, ante el hostigamiento de superiores, desarrollan síntomas psicóticos duraderos o desórdenes mentales orgánicos vinculados al estrés laboral. En Argentina, la Superintendencia de Riesgos del Trabajo e incluso la justicia laboral, reconoce estos menoscabos psicológicos, los cuales son indemnizables para cubrir gastos de tratamiento e indemnizaciones por el deterioro psicológico sufridos.
Si estás atravesando estas sensaciones, no esperes, contacta a un profesional en el área de salud mental y toma la decisión de frenar con el menoscabo a tu salud psicológica. Comienza un tratamiento de recuperación y aléjate de ese sitio que tanto daño en silencio te hace. Un ascenso o un salario se recuperan con el tiempo, pero el daño psicológico en el alma de un trabajador deja heridas que no sanan tan fácilmente.