Opinión
“Aquí: Adolescentes intentando estar bien”
Por Luciana Langone Psicóloga/DocenteIngreso al aula y encuentro adolescencias diversas en un contexto de mucho barullo: chicos con la necesidad de comer o hablar de sus carencias, del vacío o la angustia de la realidad que transitan; en el fondo chicas silenciadas y sin poder interactuar con el resto; otras contando que no saben qué harán mañana ni el día de hoy.
Sucesos que se vivencian en los ámbitos educativos. Son estudiantes con capacidades intelectuales potables y grandes creaciones artísticas pero con la autoestima tan devaluada que no saben que pueden mucho más de lo que se proponen. Al pasar te comentan: “Profe mi papá se mató”, “A la tarde corto el pelo, tengo una peluquería”, “Salgo del peladero, como algo y vengo directo a la escuela” y tantos otros relatos.
En el medio la clase comenzó y algunos continúan comiendo pan porque la merienda terminó pero el hambre continúa.
Afortunadamente todas las escuelas son distintas y cada una tiene su realidad pero, en su mayoría, las situaciones son complejas en los espacios escolares. De algunos adolescentes conozco de cerca sus historias, sufrimientos y esperas estatales.
Adolescentes, adultos y realidades caóticamente complejas. Los que trabajamos en Instituciones Educativas y Centros de Salud públicos conocemos de ésto. Se sabe que estamos cansados y con dificultades para sostener nuestros puestos de trabajo. Allí los que trabajamos con vocación mantenemos con compromiso los espacios.
Tal vez haya funcionarios que desconozcan lo que sucede dentro de las aulas: varios estudiantes sostienen que debería regir la pena de muerte y encerrar o matar a algunas personas; otros adhieren a discursos de odio camuflados, propagados por diversos medios de comunicación.
No es suficiente solo con la ley de Educación Sexual Integral para que aprendan cuáles son las violencias y que nadie puede quitarnos el derecho a la vida; además porque algunos docentes, cansados, no pueden hacer más de lo que hacen.
Agotados es una palabra que representa un sentir al percibirme junto a las compañeras y compañeros: quemados, caminando lento, con pesadez y pidiendo llegar a fin de mes. Pensemos qué historia vivimos como sociedad si no reaccionamos para los adolescentes que necesitan e intentan estar bien.