Opinión

Ricardo Balbín un grande en la derrota

domingo, 12 de septiembre de 2021 · 09:13

Se fue un 9 de septiembre de 1981 luego de una actividad prolífica y grandiosa más allá de los resultados electorales que casi nunca lo acompañaron. Quizás su etapa final fue de grandes logros políticos más allá de sus dos últimas derrotas como candidato a la presidencia en marzo y septiembre de 1973.

Septiembre es un mes especial en la vida del Dr. Ricardo Balbín su última campaña presidencial, su expulsión de la Cámara de Diputados de la Nación un 29 de septiembre de 1949 cuando en su intervención dijo: “no soy capaz de rectificaciones. No porque considere que la defensa no es un derecho, sino porque en estos trances los hombres públicos no defienden sus derechos sino que tienen que prestigiar a los hombres que los escuchan y que los quieren. Mis afirmaciones son claras y limpias, decididas y categóricas. Son mi lucha, mi modo de vivir, mi contribución modesta a la República. Yo no tengo la culpa de mi lenguaje: a mí me lo enseñó la adversidad.”

“Si este es el precio por el honor de haber presidido este bloque magnífico, que es una reserva moral del país, han cobrado barato; fusilándome, todavía no estaríamos a mano”.

Pasaron los años y la década del ‘70 lo encontró en su esplendor, recorriendo el país, buscando comunes denominadores con los enemigos de ayer y creyendo que otra Argentina era posible.

Su amistad con el presidente Juan Domingo Perón galvanizó la unidad política más allá de la violencia a la que se aferraban los extremistas armados. Les faltó tiempo. Y la desgracia de la muerte del Presidente Perón agotó la esperanza.

Siguió bregando por la unidad y la defensa democrática antes del golpe del ‘76 y después. Tal es así que, en 1981, convoca a los principales dirigentes políticos de la Democracia Cristiana, el Movimiento de Integración y Desarrollo, el Partido Intransigente y al Partido Justicialista para analizar en conjunto la problemática nacional y buscar una salida para que la dictadura abandonara el poder y se estableciera un régimen democrático.

Y otra vez el tiempo no lo acompañó en sus deseos políticos.

Enfermo esperó la muerte un 9 de septiembre.

Un mes de pérdidas para mí, ya que en dicho mes, unos años antes, se había ido mi tío Fili y en 2005 se iría mi papá.

Tuve la suerte de tratarlo y de admirarlo por lo que decidí asistir al velatorio de Don Ricardo Balbín desde un primer momento y quedarme los tres días que duró sólo me retiré un rato para bañarme y dormir unas horas.

Junto a otros jóvenes con quienes ya nos reuníamos en el Comité Nacional de la UCR y a pedido de los dirigentes del partido oficiamos de guardia en el ingreso durante todo el velatorio.

Eran filas que excedían las tres cuadras en forma permanente para despedirlo.

Una anécdota que pocos conocen me viene a la memoria y quiero compartirla por su valor histórico: El entonces presidente de facto, Roberto Viola, había pedido saludar a la familia. Se acordó que entrara al Comité Nacional pero sin custodia y que los jóvenes hiciéramos una fila a ambos lados. A mis espaldas se escuchó una voz de mujer: “hijo de puta” justo cuando pasaba Viola. Miró hacia mi lugar un instante y siguió caminando sin chistar evitando cualquier situación. Fue un momento tenso, por todo el escenario y el momento que vivíamos. Al cabo de unos años la conocí a la dama, era la esposa de Juan Belarrinaga quien acompañaba a Juan Carlos Pugliese como presidente del Comité Provincia.

Gracias al Dr. Eduardo Massolo, pude acceder a conversar con el Dr. Ricardo Balbín en algunas ocasiones. Durante 1980 la más importante fue en el Centro Lucense con la señora de Antonio Tróccoli a su lado (presidente del bloque de diputados radicales en 1973) y frente a mí.

Son de los hechos que más recuerdo en mi vida.

Luego de dicha cena de más de dos horas de charla nos despedimos en la vereda de la Avenida Belgrano y Don Ricardo, dirigiéndose a Lalo Massolo, le dice a ver si le enseña un poco de historia radical a este joven y mirándome me guiñó un ojo y me despidió con una sonrisa.

Al año lo despidió la dirigencia política argentina, desde el presidente del Partido Justicialista, escribano Deolindo Bittel al presidente Arturo Frondizi, desde el entonces recién liberado Carlos Menem al Dr. Oscar Alende.

Más allá de los cargos su lucha y su compromiso con la Nación fueron reconocidos por todo el arco político. Y su figura se agiganta cuando recordamos sus enseñanzas y sus actitudes de hombre leal.

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