El momento de Randazzo

martes, 25 de mayo de 2021 · 00:05

Otra vez el “centro”, la “tercera vía” o como prefiera llamársele, empieza a aparecer en un costadito de los medios, tan encolumnados como están. Se acercan las elecciones parlamentarias y algo tienen que decir de lo que ocurre en un lugar que no es el propio ni el de los adversarios.

En 2019 algunos le achacaron a Roberto Lavagna responsabilidad en la baja performance del centro por su negativa a participar de una PASO con quienes se insinuaban como precandidatos de la denominada Alternativa Federal, cuyas cabezas eran Sergio Massa, Miguel Pichetto y el entonces gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey. Por ahí andaba también el gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, pero sin pretensión manifiesta de ir por la Presidencia.

La figura de Lavagna al frente de Consenso 19 era la que concitaba por lo menos el mayor interés entre quienes rechazaban a las fuerzas mayoritarias, el kirchnerismo y el macrismo.

La perspectiva del espacio era inicialmente auspiciosa. Entendidos estimaban que en una eventual segunda vuelta podía imponerse tanto al Frente de Todos como a Juntos por el Cambio. Más, si se instalaba la idea de que la oferta exclusiva de estas dos fuerzas era una afrenta a la sociedad, dado que significaba elegir entre dos fracasos: el kirchnerista del pasado y el macrista que transcurría. De allí solo podía alumbrar otro fracaso, cualquiera hubiera sido el resultado, como hoy se aprecia.  Así lo auguraba el encono mutuo. Ninguna de ellas estaba dispuesta a facilitar la gestión de la otra.

Ambas fuerzas, como se descontaba, dispusieron sus candidaturas sin elecciones internas. El oficialismo, por razones naturales, ofreció la reelección de Mauricio Macri. El kirchnerismo, en su caso mediante gesto contra natura de Cristina Kirchner, sindicó por sorpresa a Alberto Fernández y ella misma se autopostuló para la vicepresidencia.

Eso determinaba la razonabilidad de que el centro también fuera a las PASO con una sola cabeza, Así evitaría la dispersión del voto del espacio y también -descontando que las fuerzas mayoritarias iban a ubicarse en primero y segundo lugar- impediría que el kirchnerismo y el macrismo, impusieran la falsa idea de que la primera vuelta, un par de meses más tarde, sería la definitiva. 

En ese caso, ¿quién debía ser el candidato del centro? Massa acreditaba una elección en la presidencial de 2015 que le dio algún sustento territorial, pero asimismo acarreaba un elocuente descrédito en la sociedad. Además, sus largas tertulias con Máximo Kirchner lo ponían bajo sospecha. Pichetto, a su vez, nunca tuvo buenos resultados electorales en su provincia.

Ya se sabe en qué terminó aquello. Ni Massa ni Pichetto asumieron hacer la PASO entre ellos. Ambos desertaron. Massa huyó hacia el FdT con la falsa excusa de que tendría una PASO. Pichetto a su vez se fue del centro hacia el otro extremo, como impensado candidato a vicepresidente.  Con esos comportamientos mezquinos, tributarios de la grieta, facilitaron la estrategia de los dos protagonistas mayoritarios de enviarle un mensaje mentiroso a la sociedad: que sus pases significaban que tanto el FdT como JxC estaban moderándose, cuando, en realidad, extremaban la polarización.

En rigor, por diversos motivos, Lavagna era el indicado para encarnar la candidatura: el más prestigioso entre los aspirantes, el que cargaba –y hasta hoy- el mayor éxito de gestión económica con impacto en la sociedad que se recuerde en décadas; por ende, el menos resistido. Era y sigue siendo un hombre que inspira confianza en la sociedad por su coherencia. Él se instaló en 2007 en el espacio con la candidatura por Una Nación Avanzada (UNA), asociación de radicales, peronistas, socialistas, desarrollistas, demócratas cristianos y sociedad civil, que obtuvo 16% de los votos, registro aceptable en un contexto donde el kirchnerismo estaba en la cresta de la ola. Desde entonces, acudió con su consejo cada vez que lo consultaron los presidentes Macri y Alberto Fernández. Nunca Cristina.

Así lo entendió Urtubey, que de forma plausible perseveró en el centro y aceptó la candidatura vicepresidencial  en la fórmula con Lavagna como un paso importante en su carrera política, que todavía tiene mucho por delante. El salteño sigue allí; también exhibe coherencia y espera su momento, que tal parece, no será este. Ni Lavagna -que está atento a todos los temas y se siente cómodo en el papel de inspirador- ni Urtubey, presentarán candidaturas este año.

Los medios apuntan que ahora el “centro” se está reorganizando y siguen los pasos de Florencio Randazzo, quien todavía no ha dicho una palabra definitiva pero emitió señales de querer participar de la elección de medio término como candidato a diputado por la provincia de Buenos Aires por una fuerza nueva, si se quiere continuadora del pensamiento que inspiró a Lavagna y Urtubey: “Ni Macri ni Cristina”. 

Con quienes habla, que son muchos, Randazzo manifiesta la necesidad de construir una fuerza nueva , que incluya con injerencia a individuos de la sociedad civil y de los vecinalismos. Un armado que permita avizorar la salida del microclima tóxico que ha envenenado a buena parte de la sociedad.

El ex ministro del Interior y Transporte no exige pertenencia peronista sino voluntad de concurrir a la solución de los problemas para avanzar hacia un estado de prosperidad, con justicia social e igualdad de oportunidades. La eficiencia que evidenció en gestión y la distancia que tomó del kirchnerismo, lo favorecen.

Habla sin tapujos con sus contertulios sobre una agenda amplia que incluye la modernización de las relaciones del trabajo, la renovación de la dirigencia, el estímulo a la inversión para la generación de empleo; derechos humanos básicos, de la niñez, la mujer, el género, el respeto al medio ambiente; de poner el acento en la tecnología como forma de reinsertar a la Argentina en el mundo y obtener divisas a través de su reconocida capacidad para construir dispositivos de última generación mediante la consolidación de un cluster entre el sector público y el privado; de la ciencia, donde el país tiene personalidades con historia y con presente.

Pero un capítulo especial de su ocupación, en el que Lavagna tiene particular interés e incidencia, es el de trabajar para el armado de fuerzas espejo, por lo menos en la Capital, en Córdoba, Santa Fe y Mendoza, para que el esfuerzo en la provincia de Buenos Aires no se agote en si mismo sino que constituya el basamento de una nueva coalición con expectativas de dar pelea en 2023. Lavagna confía que la relación tejida con el socialismo de Santa Fe continúe firme tras el lamentable fallecimiento de su líder, Miguel Lifschitz.

Mientras, Randazzo continúa moviéndose en el terreno tratando de no hacer ruidos inoportunos, tal su estilo. Eso sí, no le gusta escuchar que anda por “la ancha avenida del medio”, porque ya se sabe adónde la encaminó su mentor.

Comentarios

4/6/2021 | 17:07
#2
Randazzo, duro contra Cristina y Massa: “¿Perdieron el sentido común o el corazón?” upssss ahora no es k? se la paso al lado de la jefa de la banda aplaudiendo mentiras
1/6/2021 | 11:40
#1
El Justicialismo debe reconfigurarse y renovarse, y porqué no decir refundarse, con un perfil que encuadre con un mundo moderno como el actual, para ello debe promover y generar nuevas figuras que no estén comprometidas con todo lo que se vió anteriormente desde Menem, pasando por Duhalde y desembocando en el kirchnerismo. No se le puede ofrecer nada nuevo al país con figuras ya medio viejas, no tanto de edad sino de antigüedad militante y con discursos y posturas que atrasan 90 años
29/5/2021 | 20:48
#0
Y si probamos con alguno honesto por la 3era via?