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Por Armando Torres

Lavagna busca construir salida a la polarización

Esboza su preocupación por el futuro y a la vez su ilusión de que se conforme una fuerza de oposición capaz de competir en segunda vuelta; Rehúsa participar de una elección interna

Roberto Lavagna no le escapa a la pimienta.”Dele, dele”, estimula al camarero cuando le acerca el molinillo que muele el grano. Le gusta el picante en la mesa tanto como le gusta en el diálogo. “Así como el imperativo que ganó hace unos años fue ‘cambiemos’, el de ahora debe ser ‘salgamos’ porque la polarización pone a los argentinos nuevamente ante una disyuntiva falsa”, dice, palabras más, palabras menos.

Lavagna esboza así su preocupación por el futuro y a la vez su ilusión de que se conforme una fuerza de oposición capaz de competir en segunda vuelta enarbolando la unidad de sectores afines con las ideas de centro y progresistas, moderadas, que bajen el tono a una disputa que, como se ha visto, solo conduce a frustraciones, que incita a los ciudadanos a tomar partido por uno u otra, postergando el interés general de la Nación.

De eso habla en estos tiempos con quienes lo visitan o se comunican con él hasta haberlo convertido en el personaje del verano junto con Laurita Fernández, claro que en distintos ámbitos, por separado y sin haberse tentado con reportajes o declaraciones de prensa. Bastaron para que creciera el run run de su candidatura un par de fotos con el gobernador de Santa FeMiguel Lifschitz, y con el senador Miguel Pichetto, así como otras reuniones con políticos locales, relevantes figuras de la política internacional, hombres de la cultura, de las ciencias, de la dirigencia deportiva reveladas algunas por sus interlocutores. Y así como Francisco despide a sus visitantes con el consabido “recen por mí”, en el momento del adiós, en el atrio de su casa, Lavagna palmea a los suyos instándolos a dar el paso: “salgamos”, les dice; de la polarización, claro.

Sus simpatías están con el “peronismo federal” por así definirlo-, con el convencimiento de que no es suficiente, sino un punto de partida para lograr una amalgama con partes del radicalismo, del socialismo, de independientes, de quienes están decepcionados con el desempeño del gobierno así como de los que desconfían de lo que esconde el kirchnerismo.

Pero frunce el ceño cuando le hablan de candidaturas especialmente la suya- así como cuando alguien se le acerca para expresarle su intención de ocupar tal o cual posición de gobierno. Entiende que cualquier definición a esta hora temprana conspiraría contra lo que considera lo más importante: el encuentro de esos sectores que están en la misma búsqueda.

Por eso rehúsa participar de una elección interna. Quienes lo critican por esta posición son los mismos que lo han mirado a las patas y no a la cabeza. No es por comodidad o temor electoral, sino que considera que una interna implicaría poner en evidencia más diferencias que coincidencias en una pelea menor y, sobre todo, frustrar la posibilidad de reunirse en pie de igualdad con aquellas fuerzas, para que de ese encuentro surjan los consensos, incluida la candidatura presidencial, que no necesariamente debe ser la suya. Ese es el aporte que está realizando Lavagna desde el prestigio y la autoridad que emanan de su trayectoria.

No está claro si quienes han expresado sus ambiciones de ganar la presidencia después de una pelea chiquita hayan entendido el mensaje o el planteo de “unidad” porque quizá esta palabra ya se haya vuelto vacía, como tantas otras en política, y pueda sonar mejor otro concepto: el de la creación de “un punto de encuentro” de los argentinos, que andan desencontrados.

Para Lavagna lo mejor sería que quienes están caminando o manejando por el país buscando porotos para la interna, reflexionen sobre la conveniencia de todos y no solo la propia, en especial sobre la necesidad de dirigir sus esfuerzos hacia la construcción de los consensos que permitan conformar una fuerza con vocacíón no de ser cola de león ni cabeza de ratón, sino cabeza de león.

 

 

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