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Por Carlos Dellepiane

La cultura del acuerdo

Perón murió hace 40 años. Sin embargo su pensamiento mantiene una sorprendente actualidad. No envejece porque se nutría de un concepto clásico. Para él la política era una actividad destinada a armonizar los conflictos de intereses que se iban presentando en una sociedad. Cuando regresó de su largo exilio dijo “somos un país politizado, pero sin cultura política”. Aludía a la falta de una cultura del acuerdo, propia de países consolidados. Aquí todavía se hace sentir su contracara, esto es, la cultura de la trinchera, un ejercicio de suma cero, que nos ha impedido encontrar un rumbo.

Argentina tiene un 30 % de pobres, que por supuesto no aparecieron de un día para otro. Este dato, por sí solo, debería obligar a las dirigencias a abandonar las poses políticas.

El país presenta una serie de problemas económicos (déficit fiscal, déficit de la balanza comercial y de pagos, alta inflación, endeudamiento), que deben ser atendidos adecuadamente. Cuando estos problemas existen pero están bajo control se dice que el perro menea la cola, pero cuando se van de las manos la cola mueve al perro, vale decir, las cosas se van al diablo.

El déficit fiscal es un tema a resolver, pero es un error pensar que resolviendo el problema fiscal el país va a crecer. Es al revés, primero es necesario crecer y luego se arregla el déficit que es consecuencia directa de la falta de crecimiento. Sería bueno reconocer que los pobres serían muchos más si el estado no hubiera aumentado su tamaño. Allí están los empleos que la actividad privada, por su debilidad, no ha podido crear.

El déficit de la balanza comercial, un motor inflacionario del que no se habla, es consecuencia de bajas exportaciones (Argentina el 11 % de su PBI, México el 35, Chile el 30, Alemania el 47).

Para dar vuelta todo esto hacen falta políticas de desarrollo, las que a su vez deben ser el resultado de acuerdos sólidos, permanentes, extendidos (no solo sobre un tema puntual), entre los principales actores políticos y económicos del país. Desde luego la mesa de los acuerdos solo puede ser ofrecida por los gobiernos de turno. Si el llamado es abierto, sin dobleces, la respuesta de la mayoría de los sectores será del mismo tenor. De lo contrario todos se cerrarán sobre sus intereses y seguiremos como hasta ahora.

Estos acuerdos sirven para orientar la actividad económica y suministrar el marco general para que la actividad privada encuentre el respaldo que necesita para crecer. Por ejemplo, entre otros objetivos, alcanzar el autoabastecimiento energético (es un contrasentido invitar a invertir sin ofrecer energía suficiente), o modernizar la infraestructura de transportes para integrar al país y bajar costos, o expandir la frontera agropecuaria para alcanzar 200 millones de toneladas en lugar de las 120/130 actuales, o ampliar la capacidad de la flota pesquera, o, con los debidos recaudos, promover la actividad minera.

Estas ideas rondan las cabezas de muchos dirigentes, pero tienden a prevalecer las etiquetas, que representan zonas de confort político, pero que no sirven de nada cuando las papas queman.

No estamos en el siglo XIX. En el mundo ya no se discute si el estado debe intervenir en la economía, sino que tipo de intervención es conveniente en un país dado. Por lo tanto no existen fórmulas universales. Un médico diría que no hay enfermedades sino enfermos. El hombre abstracto, el hombre de las ideologías, a los fines de la política, no existe. El único que existe es el ser humano de carne y hueso nacido en una geografía y criado en una cultura. Corresponde a la política definir las fórmulas para atender las necesidades de una sociedad determinada. Para ello es necesario admitir idiosincrasias y continuidades al momento de adoptar medidas, las que deben guardar íntima relación con las particularidades del país del que se trate. Por caso, reducir la demanda o restringir el crédito para combatir la inflación nunca dió resultado entre nosotros.

La política cuando no ofrece certezas alimenta la inestabilidad. En un clima de inestabilidad el dinero no se invierte en producción, se mantiene líquido haciendo negocios financieros o se fuga. Los acuerdos alrededor de políticas de desarrollo son el único camino para devolver estabilidad a la economía y confianza en el país.

Blas Pascal aconsejaba subirnos a los hombros de nuestros mayores para desde ahí poder ver más lejos. Los mayores eran los viejos pensadores. Los peronistas deberíamos subirnos a los hombros de Perón para ver las cosas un poco mejor.

 

Carlos Dellepiane.

 

 

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  1. grafico
    Grmnplcs | 10/02/2018 | 17:18
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    Pos. (7) Neg. (0)
    #3
    grafico
  2. En #Peronia se usa mucho no acordarse de quienes fueron los peronistas del pasado: la derecha fascista de Guardia de Hierro, el Perón funcionario del golpe militar, los terroristas Montos, la era Memem. el golpe de Duhalde a Delarua, los afanos inconmensurables de Cris y Cia incluyendo a Devido, los sindicalistas estilo Balcedo y sus millones de dólares... Nos quieren hacer creer que nacieron ayer.
  3. grafico
    Javier | 08/02/2018 | 13:30
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    Pos. (19) Neg. (0)
    #2
    grafico
  4. ¿Y la autocrítica de los peronistas para cuando muchachos? Fueron los que más tiempo gobernaron por lejos y así está la Argentina, destruida y en estado terminal desde hace muchas décadas. ¿Y quieren dar consejos estos muchachos? ¿Y pretenderán volver? Es tan generosa la Argentina que este señor fue vicepresidente de un banco público sin el mínimo conocimiento ni experiencia alguna en materia financiera ni bancaria. Y ahora hasta da consejos de como resolver el déficit público
  5. grafico
    Fabián Arbit | 07/02/2018 | 17:09
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    Pos. (0) Neg. (-12)
    #1
    grafico
  6. Totalmente de acuerdo, Compañero

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