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Luis Rositto
Opinión

Nuevos paradigmas... viejas paradojas

Por Luis Rositto

Hoy se habla mucho de la quiebra de paradigmas. Y de la irrupción en el seno de la sociedad de nuevos paradigmas que -como todo lo que tenga que ver con cambios profundos- traen aparejados movimientos estructurales que se asientan en la simpatía o el rechazo irrestricto.

Si bien sabemos que nadie puede apartarse de la verdad sin dañarse a sí mismo, impulsando idea extrañas u opuestas a la común opinión y al sentir de las personas. O sea, lo que comunmente llamamos una paradoja.

Una de las paradojas más comunes la brindan aquellos políticos que no vacilan en pisotear principios buscando alianzas programadas para desalojar como sea al gobierno para ocupar su lugar.

Aquí cabe preguntarse qué tienen que ver esas alianzas buscadas con desesperación "con la defensa de la educación pública, o con el papel del estado como planificador de desarrollo, o con la justa distribución de la riqueza, o con la soberanía de la Nación en este mundo globalizado, o con la defensa del patrimonio nacional. Todas banderas muy caras a nuestra historia y sobre todo a nuestro futuro". Hay que defender más los trapos muchachos. No arriar las banderas identitarias de partidos con historia sólo para no quedar afuera de la selfie.

Todos sabemos que la experiencia no es lo que nos sucede, sino lo que hacemos con lo que nos sucede y que la realidad es la única pesadilla que no nos da la posibilidad de despertarnos.

El radicalismo ya vivió experiencias nefastas que fueron devastadoras y no creo que haga falta hacer nombres y/o recordar hechos que -personalmente hablando- me avergüenzan. Paradojalmente, ese mismo radicalismo tiene en sus entrañas otras opiniones, más cercanas a su historia. Recuerdo haber leído hace algunos años declaraciones de una agrupación platense -la Fundación Sergio Karakachoff- que decían: "El radicalismo no puede ser el andamiaje que sostenga un proyecto conservador y reaccionario. Nos enfrentamos a un gobierno con pretensiones hegemónicas, autoritario y atravesado por graves episodios de corrupción, pero esto no nos autoriza a sumar a cualquiera con el mero objetivo de derrotarlo. Nuestra construcción alternativa tiene que tener coherencia con los valores que defendemos, porque, si no, sucumbimos, contagiados de pragmatismo vacío, que sólo persigue la obtención de cargos para la satisfacción personal y no para servir a la causa que abrazamos desde siempre".

He aquí la paradoja, algunos radicales prefieren abrazar a candidatos con los cuales sólo les une el espanto, y alejarse de causas y principios que sí les darían identidad propia con sólo alejarse de la licuadora mediática para construir desde los hombres y mujeres en los que sí alienta la certeza de que la democracia necesita de la virtud, si no quiere ir contra todo lo que pretende defender y estimular, como dijo alguna vez Juan Pablo II.

Por otro lado la avidez de las nuevas generaciones -y no tan nuevas- por encontrar una identidad que tenga que ver con sus mejores sueños y legítimas aspiraciones, se encuentra con nuevos paradigmas que irrumpen en la sociedad como latigazos, y empujados por sus chasquidos, nos vamos acomodando y revisando ideas, poniendo el culo contra la pared -como dice Serrat- y asumiendo agradecidos que somos parte de cambios que, sólo cuando pase el tamiz de la historia veremos en su verdadera dimensión. Más allá de que nos empujen, con necesidad y urgencia a tomar decisiones. Aquí y ahora. Sería importante, aunque es muy difícil, que estas decisiones no tengan que ver con la confrontación sino con la renovación cultural que implican.

Así nos encontramos con nuevos paradigmas que se proponen en el campo la ciencia, la salud, la educación, la política, la economía, la literatura, el arte, la sociedad y la familia. Y en cada uno de estos campos los ejemplos -que, en definitiva eso son los paradigmas- son muchísimos. Algunos tomados sin la intención de un analisis exhaustivo y sólo como ejemplo, serían: "La salud depende del médico y de las medicinas, en el nuevo paradigma se concibe que la salud depende de cada individuo. En el campo de la educación, el paradigma antiguo enseñaba que había que aprenderlo todo, en el nuevo paradigma se concibe como que hay que conocer. En política la disolución de las fronteras y no la relación Estado-Nación. La conspiración de la conciencia y no la revolución social. En el campo de la economía, predominaba el dominio del capital, en el nuevo paradigma se concibe como el dominio del factor humano. En la familia un diálogo entre padres e hijos, a una autoridad paterna. Una educación por la cultura, en el diálogo y el amor, a una educación por disciplina. Una tolerancia, a una rigidez en las costumbres". Además temas como la diversidad sexual y el aborto introducen nuevos paradigmas que vienen siendo y serán todavía -y paradojalmente- motivo de discusiones que abrirán grietas que seguirán fagocitando hombres y nombres y, lo que es peor aún, sueños y utopías, olvidándose de que la mente es como un paracaídas. No funciona si no está abierta.

No se olviden que el agua vale más que el oro. No se olviden de Cabezas, ni de Julio López y, mucho menos de Estela Mena.

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