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Luis Rositto
Opinión

¡El tiempo se agota! ¡Mañana será tarde!

por Luis E. Rositto

Las críticas y el casi apocalíptico mensaje de las organizaciones que luchan por la ecología, parece no hacer mella en las conciencias de los gobernantes ni de la gente.

Criticar no es simplemente sentarse a ver los defectos del otro. Criticar es "poner en crisis" un sistema de pensamiento, o una o varias acciones que consideramos nocivas, no ya para nosotros o nuestras familias, sino para la humanidad toda, pero una crítica bien fundamentada lleva implícita una visión del mundo, una manera de hacer las cosas y el compromiso responsable de hacer algo por el cambio.

Cuando se tocan intereses económicos, es muy difícil que cualquier tipo de reclamo no despierte una catarata de pseudoexplicaciones aunque sea tan sólo para distraer a la gente que mira atónita cosas que, de tan fáciles, se tornan de difícil comprensión.

En Crónicas del ocaso, el periodista Hernán López Echagüe, aquél del controvertido libro sobre Eduardo Duhalde, recuerda un trabajo del profesor Renán Vega Cantor, de la Universidad Pedagógica de Colombia. Allí Vega Cantor concluye que: "el capitalismo tiene dos características claramente antiecológicas: la pretensión de producir de manera ilimitada en un mundo donde los recursos y la energía son limitados; y originar desechos materiales que no pueden ser eliminados, cosa imposible en concordancia con las leyes físicas, y que deben ir a alguna parte, lo cual supone exportarlos a los países más pobres de la tierra."

A eso le sumamos que la tiranía de la inmediatez hace que nuestros políticos tomen decisiones hoy, pensando que el futuro es mañana. Además, el hecho de que muy dificilmente se elaboren políticas de estado que dejen de ver electors, para ver gente, seres humanos, que, preocupados por las urgencias del presente, miran a los que hablan del futuro con la misma desconfianza con que usamos un baño sin llave.

Esto no hace más que agregar preocupación extra a lo que nos sucede si nos ponemos a mirar las cosas que hacemos los argentinos, mejor dicho las cosas que no hacemos.

Desde la pelotudez congénita que nos abarca e iguala social y culturalmente como para no entender que en esto se nos va la vida, el agua, y hasta el sentido de las futuras generaciones.

Desde aquellos que no hacen nada contra la tala indiscriminada, hasta quienes cortan plantas para que se observen mejor fuentes y monumentos.

Todo tiene que ver con la escasa preocupación que históricamente nuestros gobernantes han demostrado tener por la ecología.

Y de esto, muchos de nosotros somos cómplices.

Desde la desidia de arrojar profilácticos en el inodoro, hasta

el no animarnos a levantar nuestra voz ante tanta injusticia consentida.

Por no exigir que en las escuelas se enseñe y trabaje exaustivamente en proyectos ecológicos serios, que vayan más allá del conocimiento y el predicamento por sí mismos. Conciencia y trabajo.

Por otros tantos NO, que es imposible y vergonzoso recordar.

Empecemos entonces por tratar de aprender y coincidir con quienes nos dicen que "El tiempo se acaba para el clima. El cambio climático no es un problema distante a ser resuelto en algún momento del futuro. En realidad tenemos muy poco tiempo para evitar sus impactos más catastróficos. Sin una respuesta urgente, sin una decisiva acción por parte de los Gobiernos nos encontraremos en un tren que se dispara irreversiblemente y sin poder aplicar freno alguno".

Siempre hay excusas para permanecer al costado de todo, hasta de la vida. Pero en esto, como viene la mano, cuando nos decidamos a involucrarnos, quedará muy poco por hacer. Ya tenemos suficientes muestras de que "el mundo está cambiando... y cambiará más" como decía una vieja canción. Pero para mal.

Como si hubiera otra cosa más importante que la salud ecológica del planeta y sus habitantes.

Total es algo que va a explotar en las manos de otras generaciones.

Mientras tanto, seguimos echando leña al fuego...

Que no nos pase como siempre, que tras la tragedia aparecen los campeones de lo que debería ser y no fue, los que prometen venganza, los que se toman venganza, los que se esconden, los que hacen juicios, los que pierden el juicio, en fin los impresentables de siempre.

Personalmente creo que sirve para tranquilidad de nuestra conciencia, tratar de vivir honrando la existencia. Hacer, participar en cada causa justa de la humanidad, sobre todo en preservar su propia existencia. Con las armas que tengamos, por supuesto, no es necesario alcanzar la categoría de héroe, o de benefactor de la humanidad, para dormir con la conciencia tranquila.

Importa tener en claro algunas cosas.

Para qué sirve nuestro corto paso por la vida.

De qué colores tenemos que pintar nuestras almas.

En qué paisajes daremos de beber a nuestros corazones.

En qué lugar colocaremos nuestra billetera, por encima o por debajo de nuestra conciencia.

Con qué gastados instrumentos predicaremos que los valores no mueren ni cambian, sólo los hombres acomodan su significado a los avatares del destino.

Por eso tengamos por seguro que vale la pena vivir sólo si nos comprometemos con la vida, lo que casi siempre significa pensar en plural.

No es tan difícil. Sólo tenemos que comprender que la verdad, el dolor y la pobreza, nunca tienen dueños ni culpables. Sólo las usan.

Por favor no te quedes sin palabras ante la corrupción y el envenenamiento sistemático del planeta; ante la impunidad y las baratijas con que pretenden hacerte creer que el oro es más importante que el agua; ante aquellos que saben cómo deslumbrarte porque necesitan tu silencio. Aunque se olviden a veces que el silencio grita, el silencio es el vórtice por donde desaparece la igualdad y se deshilacha la dignidad humana, allí donde el futuro se tiñe de miedo, allí donde se desdibujan las historias de Julio López, de Cabezas, de Estela Mena...

 

Luis E. Rositto

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  1. grafico
    Ayudante | 10/11/2014 | 12:29
    Responder (0)
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    #1
    grafico
  2. Cuanta verdad! Y la que todavía se mantiene oculta. Y cuánta soberbia y hipocresía de parte de todos aquellos que miran al costado... Quiero creer y tener esperanza de cambio... pero son muy pocos los que tienen corazón para escuchar el llamado... la mayoría de las que personas que me rodean y trato día a día no les interesa cambiar porque así están cómodos... cómodos con sus problemas de salud, cómodos con sus problemas psicológicos y cómodos en todas las infinitas mentiras que abundan en sus vidas...

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