El rugido que no cesa
Motos: Descontrol nocturno que se repite
Nuevamente, el centro y las principales avenidas de la ciudad –entre ellas la Mitre- fueron, el viernes y sábado pasado, escenario de maniobras peligrosas y ruidos ensordecedores. El descanso de los vecinos, rehén de una problemática que parece no encontrar solución definitiva.Cerca de la medianoche del viernes y sábado pasado, la Avenida Mitre dejó de ser una vía de circulación urbana para convertirse, una vez más, en una pista de exhibición de impunidad. Grupos de jóvenes motociclistas, ignorando las normas más básicas de convivencia y seguridad vial, coparon la arteria principal y otras calles de la ciudad, transformando el silencio de la noche en un caos de explosiones y rugidos de motores.
El modus operandi se repite como un guión ya conocido: velocidades excesivas, cruces de semáforos en rojo, "willys" y los tristemente célebres cortes de motor que emulan explosiones. Lo que para unos pocos parece ser una diversión nocturna, para la gran mayoría de la comunidad es una verdadera pesadilla que atenta contra el derecho al descanso.
No se trata sólo de un "ruido molesto". Vecinos de la zona céntrica y de las avenidas periféricas han manifestado su hartazgo ante una situación que describen como "insostenible".
Adultos mayores que ven interrumpido su sueño de forma violenta.
Familias con niños pequeños que deben lidiar con el llanto tras las explosiones.
Personas con trastornos del espectro autista y mascotas, que sufren de manera directa el impacto de la contaminación sonora.
El malestar es profundo porque la problemática no es nueva. Es una situación reiterativa que resurge con fuerza cada fin de semana, dejando en evidencia que las medidas tomadas hasta el momento no han logrado el efecto disuasivo necesario.
La encrucijada de las autoridades
Tanto la Dirección de Tránsito como el área de Seguridad se enfrentan a un desafío que parece ganarles la pulseada sistemáticamente. A pesar de los operativos y los secuestros de vehículos que se informan semanalmente, el fenómeno no se detiene; se desplaza, se reconfigura.
La pregunta que se impone: ¿Hasta cuándo?
La persistencia de estas conductas pone sobre la mesa una discusión necesaria sobre la eficacia de las sanciones y la falta de conciencia ciudadana. Chivilcoy reclama soluciones de fondo que vayan más allá de operativos.
El interrogante que circula en cada rincón de la ciudad es el mismo: ¿Qué falta para que el descanso de los vecinos sea una prioridad frente al capricho de unos pocos que eligen el desorden como forma de recreación? Mientras la respuesta no llegue, los fines de semana seguirán siendo, para muchos, sinónimo de insomnio e indignación.