Sociedad
Tormenta, anegamientos y desconexión: una noche que dejó más que agua en Chivilcoy
Cuando los vecinos requerían empatía y ayuda por las calles y algunas viviendas inundadas, desde el municipio subían fotos de funcionarios en un baile y una cena, un error poco feliz.El viernes por la noche, poco después de las 21, una intensa tormenta descargó cerca de 60 milímetros de lluvia en Chivilcoy en un lapso breve, generando complicaciones en distintos puntos de la ciudad. Calles anegadas, sectores completamente inundados y viviendas con ingreso de agua fueron parte de un escenario que volvió a poner en evidencia la vulnerabilidad ante este tipo de fenómenos.
Vecinos de distintos barrios reportaron situaciones complejas: agua avanzando rápidamente sobre veredas, desbordes en desagües y dificultades para circular. En algunos casos, el agua ingresó a los hogares, afectando muebles, electrodomésticos y generando momentos de preocupación e incertidumbre.
Pero mientras esa realidad se desplegaba en distintos puntos de la ciudad, otra escena ocurría en paralelo. En el salón del Club 22 de Octubre, en el marco de un evento organizado por ALCEC, media decena de funcionarios locales participaban del encuentro social, incluso compartiendo momentos de baile y distensión y otro grupo participaba de una cena donde se presentó un equipo de ciclismo.
La superposición de ambas imágenes -la ciudad bajo el agua y dirigentes en un ámbito festivo- no pasó desapercibida. Y no se trata aquí de cuestionar la participación en un evento solidario ni de caer en una crítica fácil o meramente opositora. El punto, en todo caso, parece estar en la oportunidad, en la sensibilidad frente al contexto y en la capacidad de lectura de lo que ocurre en tiempo real.
Porque mientras muchos vecinos enfrentaban complicaciones concretas, con el agua avanzando dentro de sus casas, la dirigencia aparecía -al menos en la percepción pública- ajena a esa urgencia. Y en política, las percepciones también construyen realidad.
Lo ocurrido deja abierta una discusión más profunda: la necesidad de fortalecer los mecanismos de respuesta ante emergencias climáticas, pero también de revisar el vínculo entre quienes gestionan y la comunidad en momentos críticos. No es solo una cuestión de obras o infraestructura, sino también de presencia, de empatía y de prioridades.
La tormenta pasó. El agua, con el correr de las horas, comenzó a bajar. Pero la imagen de esa noche, con dos realidades tan distintas ocurriendo al mismo tiempo, probablemente quede instalada por más tiempo en la memoria colectiva de la ciudad.