Opinión
Mucho ruido para descubrir lo que Chivilcoy ya sabe
Chivilcoy no necesita más dirigentes descubriendo lo evidente. Necesita dirigentes capaces de ordenar lo que todos ven desordenado.Fuerza Chivilcoyana parece haber encontrado una forma cómoda de instalar agenda. Recorre, graba, dice que habló con vecinos y comerciantes, y después anuncia que los grandes problemas de Chivilcoy son la seguridad, el tránsito y el estado del asfalto. Todo presentado como si fuera una revelación surgida de una profunda escucha ciudadana.
El problema no es conversar con los vecinos. Eso siempre es necesario. El problema aparece cuando esa recorrida se transforma en una puesta en escena para descubrir lo que ya está a la vista de todos. La inseguridad, el desorden del tránsito y el deterioro de muchas calles no son hallazgos políticos. Son parte de la vida diaria de cualquier chivilcoyano. Incluso alguien que llegue a vivir dos días a la ciudad puede advertirlo sin demasiada explicación.
La verdadera pregunta es qué hacen con eso que dicen escuchar. Si el diagnóstico es serio, la respuesta debería estar a la altura. Sin embargo, los proyectos presentados hasta ahora muestran actividad, presencia mediática y voluntad de mostrarse en movimiento, pero pocas señales de una transformación real del municipio.
Los proyectos impulsados de Rosario Galland con la tutela de José Ferro no son necesariamente incorrectos. Algunos pueden tener utilidad administrativa. Pero, puestos en contexto, quedan lejos de representar un cambio profundo para la ciudad. Más que una agenda de gobierno, parecen intervenciones prolijas, laterales y de bajo riesgo político.
El pedido de informe sobre el parque automotor municipal es un ejemplo claro. Solicita conocer cuántos vehículos y motovehículos tiene el municipio, en qué estado se encuentran, a qué área están asignados, cuáles están fuera de servicio y cuánto costaría reparar los recuperables. Es información necesaria, pero no resuelve nada por sí sola. Si después no aparece un plan de mantenimiento, recuperación, baja de unidades irrecuperables, renovación de flota y control permanente, el proyecto queda reducido a una medida administrativa correcta, pero limitada.
El proyecto de ordenamiento del espacio urbano es el más débil. En teoría busca regular el uso del espacio público con fines gastronómicos y comerciales, habilitar estructuras desmontables como balcones o decks, y fijar criterios de estética urbana, accesibilidad, seguridad e higiene. Pero antes que una política seria de ordenamiento, parece un proyecto flojo de papeles, faltan reglas concretas sobre accesibilidad, circulación peatonal, distancias, permisos, seguros, sanciones, inspecciones y retiro de estructuras. En una ciudad que ya tiene problemas de tránsito y uso del espacio público, una ordenanza así no alcanza. Chivilcoy no necesita un proyecto de desordenamiento urbano con estética de modernización. Necesita reglas claras.
El proyecto más interesante es la creación de una Mesa de Gestión y Negociación de Convenios de Prestaciones de Salud. La propuesta apunta a que el Hospital Municipal negocie con obras sociales, prepagas, ART y otros financiadores para mejorar el recupero de costos por prestaciones brindadas. Ahí sí hay una discusión de fondo. Si el hospital atiende a pacientes con cobertura, el municipio debe recuperar mejor esos recursos. No se trata de cobrarle más al vecino vulnerable, sino de lograr que quienes tienen la obligación de pagar, paguen.
Pero incluso ahí aparece una duda política importante. Crear una mesa no garantiza capacidad real de negociación. Sentarse frente a obras sociales, prepagas, ART o cualquier actor con peso económico requiere firmeza, presión política y decisión. La pregunta es si Fuerza Chivilcoyana tiene esa espalda. Su impronta radical, al menos hasta ahora, parece apoyarse más en las buenas formas y los diagnósticos moderados que en la voluntad de incomodar a los sectores con poder.
Esa es la contradicción principal de Fuerza Chivilcoyana. Identifica problemas reales, pero todavía no muestra una respuesta política de fondo. Y la contradicción se vuelve más evidente cuando se habla de seguridad, que hoy es, por lejos, el problema más grave de Chivilcoy.
La delincuencia creció como preocupación social y ya no alcanza con discursos cuidadosos. Frente a las peleas juveniles, el descontrol de las motos y los conflictos en la vía pública, el espacio repite una fórmula conocida. No perseguir, no generar miedo y no estigmatizar. En abstracto puede sonar razonable. Nadie serio propone abusos ni arbitrariedades. Pero hay una diferencia enorme entre no estigmatizar y no ordenar. También entre no generar miedo y no hacer cumplir la ley. Comprender un fenómeno social no puede ser excusa para permitir que el desorden siga marcando las reglas de la calle.
El vecino no necesita que un dirigente le explique lo que ya vive todos los días. Hasta ahora, la propuesta de Fuerza Chivilcoyana parece una continuidad corregida. Seguir en una línea parecida a la de Guillermo Britos, pero intentando emprolijar algunos problemas, sumar diagnósticos, presentar pedidos de informes y ofrecer parches administrativos. Eso puede servir para mostrarse activos. No necesariamente alcanza para construir una alternativa real.
Fuerza Chivilcoyana tiene, pese a todo, una ventaja política concreta. Entre los espacios antikirchneristas que buscan ganarle a ese 35% de piso histórico que conserva el kirchnerismo, hoy aparece como el mejor posicionado. Pero esa ventaja no necesariamente demuestra una gran potencia propia. También expone el bajo nivel del resto de la oposición, que sigue sin ofrecer dirigentes, ideas ni una agenda capaz de ordenar el descontento de los vecinos.
Chivilcoy no necesita más dirigentes descubriendo lo evidente. Necesita dirigentes capaces de ordenar lo que todos ven desordenado.