Opinión

“Cuando la libertad es de pico”

"Bienvenidos a la libertad: por favor dejen su derecho a informar en el detector de metales, antes de ingresar".
martes, 28 de abril de 2026 · 08:03

Hay experiencias que, más que una cobertura periodística, terminan siendo una señal de época. Lo ocurrido en la jornada de ayer en Suipacha dejó más preguntas que respuestas para quienes intentamos ejercer el periodismo desde el interior, donde el vínculo con las fuentes suele construirse desde la cercanía y no desde la desconfianza.

Durante los días previos, todo parecía indicar lo contrario. Hubo contactos cordiales, acreditaciones gestionadas sin inconvenientes y un discurso abierto que invitaba a los medios locales a ser parte de la llegada de funcionarios nacionales. En ese marco, la expectativa era la habitual: cubrir un hecho político relevante para la comunidad, registrar testimonios y acercar información a los vecinos.

Sin embargo, la escena cambió abruptamente al momento de los hechos. Lo que debía ser una actividad institucional derivó en un esquema de control difícil de justificar en el contexto de un encuentro con prensa local. Restricciones al uso de celulares, impedimentos para registrar imágenes, limitaciones para trabajar con herramientas básicas del oficio. Todo bajo una lógica que colocó a los periodistas en un lugar incómodo, más cercano al de intrusos que al de trabajadores convocados.

La contradicción no tardó en hacerse evidente. Mientras se ponían límites estrictos a la tarea periodística, en paralelo circulaban sin problemas las selfies entre militantes y referentes del espacio, generando una postal que terminó sintetizando el malestar: la libertad parecía tener destinatarios selectivos.

El paso por detectores de metales terminó de configurar una escena que, lejos de aportar previsibilidad o seguridad razonable, reforzó una sensación de distancia innecesaria entre funcionarios y comunidad. En pueblos como Suipacha, donde la escala permite otro tipo de interacción, estas decisiones no pasan desapercibidas.

El punto de fondo excede lo anecdótico. No se trata solo de una cobertura incómoda, sino de una concepción sobre el rol del periodismo. Invitar a los medios implica, también, garantizar condiciones mínimas para que puedan hacer su trabajo. De lo contrario, la convocatoria se vacía de sentido y se transforma en una puesta en escena controlada, donde la información circula filtrada y la mirada independiente queda relegada.

Para quienes ejercen el oficio en el interior, estas situaciones generan un ruido particular. Porque no se trata de grandes operativos en escenarios complejos, sino de actividades en comunidades donde todos se conocen, donde la prensa local cumple una función insustituible y donde el acceso a la información debería ser, en todo caso, más sencillo.

La frase que quedó flotando al cierre de la jornada resume el sentimiento general: si la libertad se declama, también debe ejercerse. Caso contrario, corre el riesgo de convertirse en un eslogan vacío, útil para el discurso, pero ajeno a la práctica.

Quizás, de cara a futuros encuentros, la reflexión sea más simple de lo que parece: si se convoca a la prensa, que sea en serio. Y si no, tal vez sea mejor evitar la invitación. Porque en definitiva, la libertad -también la de informar- no debería ser solo de pico.

Comentarios

28/4/2026 | 21:00
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Me alegra que hayan conocido el verdadero rostro del liberalismo. El Retrato de Dorian Gray es un juego de niños comparado con el horror que nos espera si seguimos a este desquiciado.