Casos

Rendir cuentas de la cuota alimentaria, ¡¡es violencia!!

Es hora de entender que la cuota alimentaria no es una donación que requiere balance, sino una obligación que sostiene vidas.
domingo, 26 de abril de 2026 · 08:02

El derecho de familia suele moverse en un terreno incómodo: el de lo cotidiano. Allí donde las normas jurídicas se cruzan con vínculos, desigualdades y prácticas históricas que muchas veces pasan inadvertidas. Pero cada tanto, aparece un fallo que obliga a mirar de nuevo lo que creíamos “normal”.                                              

La jueza Ángela Sosa, en General Roca, expuso un fallo donde no sólo se actualizó una cuota alimentaria, sino que se hizo algo más profundo: se desarmó una lógica de control que durante años fue aceptada sin demasiadas preguntas. Durante más de una década, una madre sostuvo prácticamente sola la crianza de sus hijos. El padre cumplía una cuota fijada en otro contexto: cuando los niños tenían 3 años. Hoy tienen 15. El paso del tiempo, la inflación y el crecimiento de las necesidades tornaron esa cuota insuficiente. Hasta ahí, nada nuevo. Lo verdaderamente disruptivo aparece en otro punto: el convenio original obligaba a la madre a rendir cuentas bimestralmente sobre el destino del dinero, es decir, debía justificar en qué gastaba cada peso. Una especie de “auditoría” invisible.                                          

Durante años, este tipo de cláusulas fue visto como algo razonable. Incluso “ordenado”. Pero la pregunta que instala este fallo es incómoda: ¿Por qué quien no convive controla, y quien cría debe justificar?.                                                              

La jueza sostuvo -con gran tino-, que mantener ese tipo de exigencias implica validar mecanismos de desigualdad y violencia económica. No se trata sólo de números. Se trata de poder, colocando a la madre en una posición de sospecha permanente. La obliga a justificar decisiones cotidianas  y refuerza la idea de que el dinero “pertenece” al progenitor que paga.                                                

Con el fallo, hay una idea que queda clara: los convenios familiares no son intocables, si vulneran derechos. Porque la verdadera justicia no sólo ajusta montos, también libera voluntades. Exigir tickets y facturas a quien pone el cuerpo y el tiempo en la crianza no es transparencia, es una extensión del control. Es hora de entender que la cuota alimentaria no es una donación que requiere balance, sino una obligación que sostiene vidas. Si el cuidado no se audita, el derecho a cuidar sin sospechas tampoco debería negociarse.

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