Reflexión jurídica tras el choque fatal
Imprudencia juvenil y vacío legal: El laberinto jurídico tras la tragedia en la Ruta 30
El Dr. Emmanuel Langone analiza las grietas de un sistema donde un menor de 14 años es inalcanzable para la ley penal. ¿Quién responde ante la sociedad cuando el responsable de una muerte es un niño al volante de un "proyectil de metal"?La mañana del martes sobre la Ruta Provincial N° 30 no fue una mañana más. A la altura del kilómetro 476, cerca del Cementerio Parque, el asfalto se convirtió en el escenario de una tragedia que combina el dolor irreparable de una muerte con un debate jurídico y social que la comunidad de Chivilcoy y Rawson no puede esquivar: un niño de 14 años al volante de un proyectil de metal.
El saldo es desgarrador. Rodolfo Marcelo López, un vecino de Rawson de 52 años, perdió la vida atrapado en su vehículo tras un impacto frontal. Del otro lado, tres menores de edad —de 14 y 16 años— y una mujer luchan ahora por su recuperación en el Hospital Municipal, algunos de ellos en estado crítico.
El doctor Emmanuel Langone sostuvo que este hecho “combina el dolor irreparable de una muerte con un debate jurídico y social que la comunidad no puede eludir”, y remarcó la gravedad de que un menor conduzca un vehículo, al que definió como “un verdadero proyectil de metal”.
La mecánica del horror
Según explicó el doctor Emmanuel Langone, de acuerdo con las pericias preliminares difundidas en medios de comunicación, el desencadenante fue una maniobra que se repite con frecuencia: el vehículo en el que viajaban los menores “mordió” la banquina, perdió el control e invadió el carril contrario. El motor del Gol Trend, desprendido y hallado a metros del impacto, es el mudo testigo de la energía cinética desatada en ese segundo de fatalidad.
El laberinto legal: ¿justicia o impunidad?
Aquí es donde el caso deja de ser una crónica policial para transformarse en un dilema institucional. Tal como indicó el doctor Emmanuel Langone, bajo el régimen que ha imperado históricamente en la Argentina (Ley 22.278), un menor de 14 años es no punible: no puede ser juzgado ni condenado. Sin embargo, el reciente avance legislativo para bajar la edad de imputabilidad a los 14 años pone este caso en el ojo de la tormenta.
Si bien la ley ha sido aprobada, su implementación práctica es un proceso lento que requiere reglamentación y estructuras que hoy, en plena transición, dejan un sabor amargo. “Surge entonces la pregunta de quién responde por la vida de López si el Estado no puede castigar al conductor por su edad”, planteó el profesional.
Langone detalló que el daño causado será respondido con el patrimonio de los padres y del titular del vehículo, como garantía (artículo 242 del Código Civil y Comercial). El principio rector establece que “el patrimonio del deudor es la garantía común de los acreedores”. Si los padres no cuentan con dinero en efectivo, la ejecución puede recaer sobre bienes registrables, como autos o inmuebles en Chivilcoy o en cualquier punto del país. Incluso pueden solicitarse medidas cautelares —embargos preventivos o inhibición general de bienes— para evitar que se desprendan de su patrimonio durante el proceso civil.
Además, el doctor Emanuel Langone advirtió que existe el quiebre de la cobertura del seguro por dolo, tal como marca el artículo 114 de la Ley de Seguros 17.418. Es decir, el asegurador queda liberado si el tomador o el beneficiario provoca el siniestro dolosamente o por culpa grave, como podría interpretarse en un caso de estas características.
Al no haber seguro que responda, los padres deben enfrentar la indemnización con su propio capital. En estos casos, el profesional recomendó un acuerdo extrajudicial, ya que de lo contrario se pone en riesgo su estabilidad económica personal.
Más allá de los expedientes, de las ejecuciones patrimoniales y del debate sobre la imputabilidad, el doctor Emanuel Langone reflexionó que lo que queda sobre el asfalto de la Ruta 30 es un vacío que ninguna sentencia podrá llenar. Esta tragedia obliga a preguntarse qué se está transmitiendo como sociedad cuando un volante se entrega —o peor aún, se toma sin permiso— como si fuera un juguete y no una responsabilidad de vida o muerte.
La justicia civil buscará reparar lo cuantificable, pero la verdadera condena, concluyó, es el peso de una ausencia y la certeza de que, mientras la imprudencia siga ganándole la carrera a la conciencia, se seguirán llorando muertes que eran evitables. Que el dolor de hoy sea, al menos, el llamado de atención que impida mañana volver a ser testigos de cómo la niñez y la fatalidad se cruzan en un mismo carril.