1910 3 de marzo 2026

El testimonio de un sobreviviente

116º Aniversario del fallecimiento del poeta Carlos Ortiz
jueves, 5 de marzo de 2026 · 08:04

En el año 1910 se vivía en Chivilcoy una situación política compleja. Se había producido un feroz enfrentamiento entre dos facciones del partido Conservador. Un bando estaba liderado por el por aquel entonces, caudillo y senador provincial Vicente Domingo Loveira. El otro bando agrupaba a varias figuras de prestigio social, que alguna vez habían apoyado a Loveira, pero que, por distintas razones, ahora lo enfrentaban. Entre ellos figuraban el Dr. Santiago Fornos, prestigioso cirujano, el señor Antonio Seara, que alguna vez había sido un fiel colaborador de Loveira y  el profesor Alejandro Mathus, fundador y director de la Escuela Normal, entre otras figuras destacadas.

A raíz de que el profesor Mathus no se había sometido a la voluntad de Loveira, quien pretendía influir en el manejo de la Escuela Normal. Loveira movió sus influencias y logró que Mathus fuese trasladado a la provincia de Mendoza, para dirigir allí otra escuela.

A modo de desagravio hacia Mathus por esta maniobra y, para demostrarle a Loveira, que había un sector numeroso que ya no le temía, a su violencia, amenazas o traslados; organizaron un banquete de despedida a realizarse en la sede del Club Social, del cual era presidente Mathus. En esa época las personas de la alta sociedad eran las que estaban asociadas a dicho club.

El banquete se realizó la noche del miércoles 2 de marzo de 1910. Al final del mismo y en circunstancias en las que el poeta Carlos Ortiz se acercó a uno de los balcones para hablar con sus hermanas que habían presenciado el desarrollo del mismo desde la vereda, un grupo de emponchados, con el rostro cubierto, abrió fuego al grito de “Viva Loveira” desde la vereda hacia el interior del club. Un poco más atrás de Ortiz venía caminando su amigo, el abogado Héctor Julianez. Este es su testimonio:

“Se habían levantado los comensales y se dirigían del comedor á otra pieza contigua, cuando sonaron, varios tiros, que parecían cohetes, por lo que creo fueran de una pistola Browing.

En esos momentos yo felicitaba á Ortiz, diciéndole: hola Chantecler.

Al ruido de las detonaciones, Ortiz avanzó hacia la ventana.

— ¿Qué vas á ver?, pregúntele, no oyes que son cohetes. 

— ¡Qué cohetes!, me contestó, si me han herido.  

Los niños y mucha concurrencia estaban todavía estacionada en la puerta que daba al comedor. De ahí que resultara herido un niño [Paunessi].

El avance de Ortiz libróme de una muerte segura, al cubrirme con su cuerpo y recibir él los proyectiles.

No obstante, yo sentí en la cara los punzasos de la pólvora”.

                Ghiraldo, Alberto: “Sangre Nuestra,” Ideas y Figuras, 1911, pp. 202 y 203.

Es admirable el grado de cultura alcanzado por este grupo y lo actualizados que estaban, pues la obra “Chantecler” (Canta Claro) se había estrenado el 7 de febrero de 1910 en París. No había transcurrido un mes de su estreno, cuando ellos ya sabían el argumento de la misma. Es la historia del gallo Chantecler que con su canto matinal hacía que saliera el sol todos los días para iluminar al mundo. Julianez le dijo Chantecler a Ortiz porque él iluminaba las mentes con sus poesías.

Como consecuencia de este ataque, Ortiz, recibió una herida en la región abdominal y otra en una pierna. La primera de ellas, fue la que le provocó la muerte el 3 de marzo.

El abogado Héctor Julianez se hizo cargo de la querella contra Loveira y sus hombres. Para realizar su labor debió sortear los obstáculos que se interponían entre su búsqueda de la verdad y el condigno castigo a los culpables.  En aquella época se podía recusar a un juez sin causa que lo justifique. Mediante este expediente todo incriminado podía solicitar, por única vez, la recusación del juez a cargo del proceso. Con este sistema, mientras el proceso pasaba de una autoridad a otra, la investigación quedaba detenida. Los acusados por la muerte de Ortiz, apelaron en forma sucesiva a este recurso para demorar la causa por un extenso período de tiempo. El otro procedimiento era la “fianza de resultas” que consistía en obligar al abogado querellante a demostrar que tenía los recursos económicos suficientes como para pagar las costas del juicio y las indemnizaciones que estableciera el juez si perdía el litigio. De este procedimiento también se valieron los imputados. Lo hicieron cada uno de ellos a medida que fueron citados con el fin de dilatar el juicio. Si bien, al cabo de dos años de batalla judicial, Julianez no pudo lograr que Loveira fuese condenado, pese a estar sindicado como el autor intelectual del atentado perpetrado en el Club Social; al menos logró que fueran sancionados dos de los autores materiales del ataque. Ellos fueron: Emilio C. Barrios condenado a ocho años de prisión y a Prisciano Cofré a seis años de reclusión. Poca pena para castigar el delito de segar una vida. Hubiera correspondido condenarlos a prisión perpetua.

Comentarios

5/3/2026 | 12:15
#0
Bien por el autor y su nota, Muy interesante historia de nuestra ciudad . !!!!!