Historias de vida
Un sueño entre montañas: la vida que Miguel y Carmen construyeron en la Ruta 40
Hace 27 años dejaron Chivilcoy para apostar por un proyecto propio en la cordillera neuquina. En Villa Río Hermoso, sobre el Camino de los Siete Lagos, levantaron con trabajo y paciencia una hostería y casa de té que hoy recibe turistas de todo el mundo. La historia de amor, esfuerzo y visión que sostiene a la Posada Cordillerana.-San Martín de los Andes.– En el kilómetro 2189 de la Ruta 40, en Villa Río Hermoso, sobre el camino de los Siete Lagos, la Posada Cordillerana se abre paso entre el monte, los árboles y la madera. Allí viven desde hace 27 años Miguel Calandra y Carmen Walsh, una pareja con raíces en Chivilcoy que decidió apostar por una vida distinta en la cordillera.
El encuentro con esta historia ocurrió casi de casualidad. Mientras desde Villa 25 de Mayo se realizaba una salida al aire por radio, Miguel y Carmen escuchaban la transmisión. Al día siguiente llegó la invitación: pasar por su lugar. Así fue como, fuera de temporada turística y en medio de reparaciones y tareas de mantenimiento, abrieron las puertas de la posada para contar la historia del proyecto de vida que levantaron prácticamente desde cero.
“La gente acá se siente como en casa”, define Miguel, “el paisaje del monte, los árboles, todo el estilo de madera es una invitación a disfrutar”.
Cuando él llegó a este lugar, recuerda, el paisaje era muy distinto. “Cuando vinimos hace 27 años éramos tres familias, más hombres que mujeres”, sintetiza.
El sueño que empezó desde abajo
La entrada a la posada tiene un símbolo de ese proceso: una escalera de madera de coihue hecha a partir de un enorme tronco.
“Estaba corrido del árbol, había que sacar el tronco. Yo tenía una pala y una retro cuando recién vine acá. El dueño del lugar me lo regaló a cambio del trabajo. Me costó casi cuatro años hacerla y cinco horas meterla acá. Tiene un metro diez de diámetro”, recuerda Miguel.
Cada rincón de la hostería guarda parte de ese esfuerzo. “Cada clavo, cada tornillo, cada tronco”, dirá después Carmen, con una mezcla de admiración y memoria.
La decisión de empezar otra vida
Carmen Walsh era en Chivilcoy una profesional farmacéutica reconocida. Al frente de la Farmacia Homar, también fue titular del Colegio de Farmacéuticos local. Con el tiempo, se sumó al proyecto que Miguel había empezado a construir en el sur.
“La cocina no era mi fuerte, más bien es de Miguel, pero hoy sí lo es”, cuenta entre risas. “Hacemos pan casero, mermeladas, flan, tortas y strudel”, enumeró entre las distintas especialidades de la casa.
La propuesta de la posada combina hostería y casa de té. Las habitaciones funcionan como un pequeño hotel de campo, con baño privado y desayuno incluido.
El turismo es variado. “Viene gente de todos lados. Turismo nacional, extranjero, pescadores, ciclistas. Hay grupos que hace 15 años que trabajan con nosotros y ya tienen el cronograma armado desde octubre hasta abril”, explica Miguel.
También llegan visitantes que recorren la Patagonia en motorhome o casilla rodante, una modalidad cada vez más frecuente en las rutas del sur.
El valor del camino recorrido
Desde este rincón de la cordillera, Carmen mira hacia atrás y reconoce el esfuerzo que implicó levantar el lugar.
“No fue fácil. Viviendo acá tomo dimensión de todo lo que ha hecho este ‘petiso’, con mucho cariño lo digo”, señala. “Cada clavo, cada tornillo, cada tronco le ha llevado sangre, sudor y lágrimas. Laburó días y noches enteras para levantar todo esto. Inviernos enteros con intensas nevadas”.
También recuerda su etapa anterior en Chivilcoy, cuando participaba activamente de la vida institucional del sector farmacéutico.
“Cuando fui la última vez me encontré con Belicoso, del Sindicato de Empleados de Comercio, y le dije: ‘¡Cómo te extraño Belicoso!’. Eran otros tiempos, de charlas y discusiones. Mucha locura”, dice con una sonrisa. “La Carmen de esa época ya no está más. Se jubiló. Ahora está la Carmen feliz y contenta”.
El corazón dividido
Aunque la vida cotidiana transcurre entre montañas, el vínculo con Chivilcoy sigue intacto.
“Tenemos fibra óptica y muy buena comunicación”, cuentan. Desde allí mantienen el contacto permanente con sus hijas y nietos.
A miles de kilómetros de distancia, la posada que levantaron con paciencia y trabajo resume un proyecto de vida compartido. Un sueño que empezó hace casi tres décadas y que hoy sigue creciendo, entre la madera, el silencio del bosque y la emblemática Ruta 40, la que une Ushuaia y La Quiaca; que pasa frente a su puerta.