Educación y Crianza
Pachamama: Espacio Montessori para una crianza distinta en Chivilcoy
Funciona en Balcarce Nº 170 y está destinado a niños desde los tres meses hasta los seis años. La propuesta se basa en el respeto por los tiempos del niño, el aprendizaje sensorial y el trabajo conjunto con las familias.En Chivilcoy funciona Pachamama, un espacio educativo inspirado en el método Montessori destinado a niños desde los tres meses hasta los seis años. El proyecto es impulsado por Mara Amin y Marcela Chimentón y funciona en Balcarce Nº 170.
El espacio fue inaugurado el 9 de marzo de 2020 y desde entonces desarrolla propuestas vinculadas con la crianza respetuosa y el acompañamiento en los primeros años de la infancia.
Las responsables explicaron que el enfoque Montessori se basa en la observación del niño, el respeto por sus tiempos y el aprendizaje a través de los sentidos.
“El centro es el niño. Hay otra forma de criar, educar y acompañar”, señaló Mara Amin. “El niño se cría con libertad pero con disciplina, hay normas y cuestiones para cumplir, siempre respetando sus tiempos”.
El ambiente Montessori
Uno de los pilares del método es el ambiente preparado, pensado para cada etapa del desarrollo.
“Es un ambiente amigable, que no desborda de colores. No utilizamos plásticos, sino materiales nobles. No son juguetes sino materiales de trabajo y cada ambiente está pensado para una edad”, explicaron.
Los niños pueden elegir libremente la actividad que desean realizar de acuerdo a su interés del momento.
“Se le da libertad al niño de elección de acuerdo a su interés sensorial. El ambiente invita a la participación y al aprendizaje”, resumieron.
Dentro del espacio, todo está dispuesto a la altura de los niños para favorecer su autonomía.
“Todo está a su medida y a su alcance, ordenado y limpio. Tiene que sentir seguridad y saber dónde está cada cosa”, explicó Marcela Chimentón.
Adaptación y vínculo con las familias
El ingreso al espacio contempla un proceso de adaptación progresivo que involucra a las familias.
Previo al comienzo se realiza una entrevista para explicar las pautas de trabajo y la dinámica del espacio.
“La adaptación es progresiva y es la familia la que se queda en ese período. Ningún niño se queda si está llorando”, indicaron.
En ese proceso se busca que el niño incorpore el espacio como un lugar seguro.
“El niño sabe que la mamá se va y que después lo va a venir a buscar. No debe ser vivido como un castigo”, explicó Chimentón.
El manejo de las emociones
Dentro del enfoque Montessori también se trabaja el reconocimiento de las emociones desde edades tempranas.
“El ‘no pasa nada’ cuando un niño se lastima es no visibilizar lo que ocurrió”, señaló Chimentón. “Si le decimos ‘vi que te caíste, vamos a poner hielo’, aprende a expresar lo que le pasa, lo que le gusta y lo que no”.
Para las responsables del espacio, el vínculo entre adultos y niños es central en el proceso educativo.
“Las infancias nos marcan. Queríamos una manera distinta de criar a nuestros hijos y así llegamos a Montessori”, sostuvo Amin.
Respeto por los tiempos
Otra de las diferencias con los espacios educativos convencionales tiene que ver con el respeto por los tiempos de cada niño.
“Lo más difícil para las familias es la no interrupción de una actividad. Cuando los chicos están haciendo algo, se respeta el ciclo completo”, explicaron.
La observación del adulto también cumple un rol clave dentro del método.
“De esa observación surgen decisiones como la rotación de materiales, porque ellos eligen con qué trabajar y eso tiene que ver con sus necesidades o curiosidad”, indicaron.
Talleres y asesorías
Además del espacio educativo, Pachamama desarrolla talleres y asesorías para familias y docentes. También realizan encuentros para embarazadas y acompañamiento durante los primeros meses de vida junto a profesionales como pediatras y puericultoras.
Las inscripciones permanecen abiertas durante todo el año. Las consultas pueden realizarse al 2346-578047 o a través de la cuenta de Instagram @pachamama_educacion.
Claves del método Montessori
El niño es protagonista de su propio aprendizaje. El ambiente está preparado y adaptado a su tamaño y necesidades. Se utilizan materiales específicos que estimulan los sentidos. Se respeta el ritmo y los tiempos individuales de cada niño. El adulto acompaña y observa sin interrumpir el proceso de aprendizaje.
La educación se construye en conjunto con las familias.