Gringa Calzados
De Chivilcoy a Colapinto
El emprendimiento Gringa Calzados formó parte de la Feria BIO, un espacio que les permitió dar sus primeros pasos en el mundo empresarial. Hoy, su nombre resuena con fuerza gracias a que fabrican alpargatas para el piloto argentino Franco Colapinto.Aunque actualmente no participan por cuestiones de trabajo, Mariela y Lucio, los dueños de esta empresa familiar, no dejan de agradecer al doctor Juan Curcio, quien les brindó la posibilidad de abrirse camino y conocer nuevos mercados. Hoy, su nombre resuena con fuerza gracias a que fabrican alpargatas para el piloto argentino Franco Colapinto, y desde entonces han expandido su producción por distintas regiones del país.
El sueño de Gringa Calzados comenzó a tomar forma en 2019, impulsado por el entusiasmo de Mariela, quien tenía el deseo de crear y fabricar algo propio. Así, iniciaron su travesía con las alpargatas, un calzado tradicional que poco a poco fueron perfeccionando hasta llegar a la propuesta actual: un producto artesanal, donde la calidad de la materia prima es una prioridad y el toque hecho a mano se mantiene en cada detalle.
La conexión con Franco Colapinto surgió cuando la dupla intentó contactarlo sin éxito, ya que se encontraba en Europa. Sin embargo, lograron comunicarse con su padre y, al llevarle un regalo de alpargatas, el piloto se sorprendió gratamente y decidió utilizarlas, incluso en situaciones públicas como visitas a supermercados. Asimismo, Lucio contó que es apasionado por el automovilismo y Franco representa un referente que hacía mucho tiempo no se veía en Argentina. Además, destacan el carisma que comparte Franco y su padre, a quien conocieron personalmente, mientras que al propio piloto lo siguen y admiran desde lejos.
El impacto de que Franco use sus alpargatas ha sido significativo, ya que personas de su peña y de todo el país les solicitan el producto, que envían a través de internet, transporte o correo argentino. Para ellos, es un gran orgullo que un referente como él elija sus creaciones.
En cuanto a la producción, mantienen un ritmo equilibrado, fabricando alrededor de 120 alpargatas por mes. La construcción de estas es cuidadosa, están forradas en su interior, utilizan lona resistente en la parte exterior, con refuerzos en la caña y el talón entre el forro y la tela. La plantilla es de 4 milímetros y la base cuenta con un cartón de 1,5 milímetros y otro de 1,8 milímetros de PEU, un material elástico e inyectado similar al de las zapatillas de marca, que brinda un confort excepcional, el usuario pisa sobre casi 2,7 centímetros, una diferencia notable respecto a las alpargatas convencionales.
La variedad es otro punto fuerte, ofrecen colores lisos, estampados, rayados o con flores. Además, al ser artesanales, permiten que los clientes elijan combinaciones personalizadas, y también realizan pedidos a medida para personas con pies de mayor talla o características específicas. También están proyectando desarrollar productos con logos de empresas para regalos empresariales o uso interno de empleados, con bordados de alta calidad.
A pesar del crecimiento que han experimentado, Mariela y Lucio buscan mantener la esencia artesanal de su trabajo, ya que consideran que la industrialización perdería el valor único de sus productos. Saben que quienes valoran el trabajo hecho a mano están dispuestos a esperar, y se esfuerzan por brindar la mejor calidad para que los clientes recomienden sus productos de boca en boca, lo cual consideran la mejor forma de expandirse.