14 de febrero, Día de San Valentín y de los enamorados
Cartas de amor
Desde mediados del siglo XIX, los hermanos Garnier, poseedores de una librería y editorial, publicaron en París un libro muy útil, destinado a tener un gran éxito. Titulado “Le Secrétaire Universel” (“El Secretario Universal”), obra del autor M. Armand Dunois. En Posteriores ediciones francesas se le agregó la expresión “Francais” (Francés), se tradujo al español y es por eso que en los países de habla hispana se lo conoció con el título de “El Secretario Universal Español”. La traducción del francés al español estuvo a cargo de F. Valens. El libro contenía modelos de cartas sobre toda clase de asuntos: cartas de año nuevo, de días y de cumpleaños, de pésame, de felicitaciones, de excusas, de reproches, de gracias, de recomendación, de negocios y de comercio; demandas al jefe del Estado, a los ministros, billetes de invitación, modelos de actos para firma particular con instrucciones minuciosas sobre estos actos; observaciones acerca del estilo epistolar; cartas escogidas de los escritores más célebres, etc.
Pero había un plus especial, un capítulo que no estaba destinado sólo a los secretarios o secretarias, que desarrollaban tareas administrativas. El capítulo XI estaba destinado a todo el público. Contenía modelos de cartas para las relaciones interpersonales, tales como misivas de amor y de matrimonio. Era tal el interés despertado por este libro que también se vendió en Chivilcoy. En nuestra ciudad lo comercializaba la librería de Eliseo Varias. En el año 1900 se publicó la cuarta edición en español. Y teniendo en cuenta la fecha que se conmemora todos los 14 de febrero hemos de reproducir un modelo de carta de declaración de amor dirigida por un caballero a la dama de sus sueños.
“Señorita,
Desde que apercibí á Ud. por primera vez, su gracioso semblante me persigue dulcemente sin dejarme ninguna tregua. En medio de mi trabajo creo ver su rostro encantador, oír su voz embelesadora, asistir a su agradable y viva conversación; en una palabra, tener la dicha de gozar de su amable presencia. En todas partes a donde guío mis pasos, solamente veo a Ud., no pienso sino en Ud., y cuando soy bastante feliz para apercibirla en realidad, me encuentro en trasportes próximos al éxtasis. Varias veces he tratado, Señorita, de comunicar á Ud. el sentimiento que me anima, la pasión que me inflama; pero a su vista (lo comprendo hoy), mis ideas se desordenan sobremanera, mi razón está anonadada, mi cabeza se encuentra muy trastornada, para que yo pueda hacerle conocer el fuego que me abrasa. Así es que no pudiendo ocultar a Ud. más tiempo el amor que le profeso, he tomado el único partido razonable, el de escribirle. Compadézcase Ud. de mi situación; mi amor es sincero; su desprecio o su indiferencia sería para mí un golpe mortal. Suplico a Ud., Señorita, me saque de esta cruel agonía; respóndame, dígame no que me ama, no estoy bastante loco para esperar desde luego felicidad semejante, pero a lo menos que Ud. me permite amarla.
Soy con amor y respeto,
Señorita,
El más apasionado y el más sincero de sus adoradores”.
Seguían a continuación la firma del autor de la nota, su dirección para recibir la respuesta, la localidad y la fecha.
Dado la fecha que celebramos vamos a reproducir un modelo de respuesta favorable. No sin antes señalar que el libro contenía respuestas en la cual la señorita evita pronunciarse, otra dice que va a seguir los consejos de sus padres y deja la respuesta en suspenso, y, por supuesto no pueden faltar las de rechazo, entre otras situaciones que se dan entre los hombres y las mujeres.
Respuesta favorable a una declaración de amor.
“Muy Señor mío,
Si he de hablar á Ud. con sinceridad, me ha parecido que yo había hecho alguna impresión sobre Ud., y la declaración que me hace hoy no tiene nada que me sea desagradable. Sin embargo, temo que Ud. tome por un amor duradero un gusto fugitivo, una fantasía pasajera. Reflexione Ud. bien, Señor, sobre la naturaleza de los sentimientos que Ud. manifiesta en su carta, y si persiste en su inclinación por mí, me encontraré honrada de su constancia y no seré insensible a su ardor.
Tengo el honor de ser, Señor,
Su muy humilde y afectuosa servidora”.
A continuación, la señorita firmaba, señalaba la localidad donde vivía y fechaba la respuesta.
En definitiva, mientras haya dos almas gemelas, existirá el amor y podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que estar enamorados y ser correspondidos, es el mejor estado de ánimo que podemos tener.