Desde la plaza Belgrano
Tal vez no sea la nota del año…
Sin actos ni discursos, jóvenes y adultos mayores compartieron una tarde de tejo que terminó siendo una lección de comunidad.Quizás no sea la nota del año ni figure en las agendas cargadas de urgencias, pero al cronista de LA RAZÓN lo sorprendió -y reconfortó- un encuentro tan simple como valioso ocurrido el domingo por la tarde en la plaza Belgrano. Sin estridencias ni convocatorias formales, la excusa fue un juego ancestral y paciente: dos partidos de tejo que terminaron siendo bastante más que una competencia.
De un lado, los veteranos: Franco Escarrá, Carlos Avendaño y el inconfundible Pepe Cantone, representantes de esa tercera generación que carga historias en los bolsillos y tiempo para compartirlas. Del otro, los jóvenes: Gonzalo Quinteros, David Maisonavo y Jorge González, atentos, curiosos y dispuestos a aprender sin apuros.
La escena fue pintoresca y genuina. Mates que iban y venían, consejos que no sonaban a sermón, carcajadas que rompían cualquier distancia etaria y miradas cómplices que dejaban en claro que el tiempo, cuando hay corazón, no es una barrera sino un puente. El tejo fue apenas la excusa; el verdadero juego se dio en el intercambio de experiencias, en el respeto mutuo y en la escucha sincera.
Al caer la tarde, no hubo ganadores ni perdedores, pero sí un compromiso: volver a encontrarse. El domingo venidero a las 18. Porque una tarde alcanzó para demostrar que las nuevas generaciones no están perdidas, como a veces se insiste en repetir. Muy por el contrario, están dispuestas a escuchar, a aprender y a construir junto a quienes tienen tanto para enseñar.
Momentos así, casi invisibles para el ruido cotidiano, recuerdan que cuando distintas edades se reúnen con buena intención, nace algo más profundo que una charla ocasional: nace comunidad, sensibilidad compartida y una esperanza concreta de futuro.