Casos / Por Dr. Emmanuel Langone

Cuando los insultos virtuales de los padres, golpean a los hijos

Las redes no son un confesionario anónimo, sino un espejo que amplifica daños.
domingo, 28 de septiembre de 2025 · 08:00

¡Cuidado con el dedo acusador en Instagram! En un mundo donde un "like" puede ser más letal que una daga, la Justicia de Río Grande, Tierra del Fuego, acaba de recordarnos que las batallas de pareja, no se libran en el coliseo digital a costa de los hijos. El Juzgado de Familia N° 2, con la jueza Montero al frente, ordenó a una madre cesar de inmediato sus publicaciones ofensivas contra su ex, todo en nombre de proteger al menor involucrado. ¿El veredicto? Un freno rotundo a los posteos que exponen intimidades familiares, porque, como bien remarca el fallo, "el interés superior del niño no es negociable".                                                                       

Imaginemos la escena: una separación amarga, rencores que hierven y, de repente, WhatsApp e Instagram se convierten en el ring perfecto para desahogos públicos. La madre, según la denuncia del padre, lanzó imputaciones e insultos de "altísimo calibre" que no sólo salpicaban al ex, sino que arrastraban al hijo al barro digital. La Justicia intervino con una medida cautelar urgente pedida por el padre: prohibió cualquier mención, dato o imagen que pudiera dañar la intimidad del chico. ¿Por qué? Porque los procesos familiares son reservados por ley y, exponerlos, equivale a robarle al niño su derecho a una infancia blindada de escándalos ajenos.  Pero vayamos más al hueso, la sentencia pone el foco en algo revolucionario: el derecho de los menores a construir su propia "identidad digital" sin herencias de veneno parental. ¿Cuántas veces hemos visto perfiles familiares convertidos en campos de minas emocionales? La jueza Montero lo deja claro: el niño no es un accesorio para ventilar rencores. Es un ser con derechos propios, amparado por la Convención sobre los Derechos del Niño y nuestro Código Civil, que priorizan su bienestar por encima de egos heridos.                                                                           

Audazmente, este fallo desafía la impunidad de las redes. ¿Libertad de expresión? Sí, pero no absoluta. Cuando tus palabras provocan un "perjuicio emocional significativo" en un menor, como argumenta la resolución, el Estado entra en juego. Es un llamado de atención para padres en guerra: piensen dos veces antes de pulsar "publicar". ¿O queremos una generación de niños traumatizados por los "stories" de mamá y papá?.      

En resumen, Río Grande nos regala una lección sagaz: las redes no son un confesionario anónimo, sino un espejo que amplifica daños. Si estás en conflicto con tu ex pareja y eso lo replicás en tus redes sociales, no sólo tendrás una multa si continúas en esa penosa maniobra, sino que, de seguir, podría, dijo incluso la jueza, privarla de la libertad. Porque, al final, el verdadero "like" que cuenta es el de un hijo feliz, no el de followers ávidos de drama. ¿Listos para desconectar el rencor? La Justicia ya dio el primer paso.

Comentarios