Casos / Por Dr. Emmanuel Langone
De un divorcio conflictivo, a una verdadera pesadilla
La justicia no puede devolver los años perdidos, ni sanar el dolor o reconstruir los vínculos destrozados.La pesadilla de los gemelos Leopoldo y Rodolfo, de La Plata, comenzó a raíz de un divorcio conflictivo entre Leopoldo y su ex pareja. Según Leopoldo Acuña, su ex pareja inició una serie de acusaciones que llevaron a que él y su hermano fueran acusados de abuso sexual simple. La supuesta víctima era la propia hija de Leopoldo.
El padre relató que la situación fue como una "emboscada": primero su hermano Rodolfo fue denunciado en 2015, y luego él en 2017. La denuncia contra él, según su versión, se hizo frente a una asistente social. Judicialmente en primera instancia, Leopoldo recibió una condena de 9 años de prisión, mientras que Rodolfo fue condenado a 2 años y 8 meses. Sin embargo, esta sentencia fue revertida. El Tribunal de Casación Penal bonaerense los absolvió por completo, determinando que no existían pruebas válidas para sostener las acusaciones.
Pero la absolución llegó demasiado tarde. Durante el tiempo que duró el proceso judicial, los hermanos Acuña pasaron 10 años sin poder ver a la hija de Leopoldo. Su madre se la llevó a vivir a Tigre, lejos de su familia paterna, lo que impidió cualquier contacto, llamada o encuentro. La niña, ahora adolescente, creció con la versión de que su padre y su tío eran abusadores, lo que genera un daño emocional y vincular incalculable. Es claro que, además de la década de separación de la hija, los Acuña sufrieron un deterioro de la salud mental y física, y una clara exclusión social, ya que la sociedad los condenó de antemano; y una lógica ruina económica. Ya que, aunque fueron absueltos, el daño ya es irreparable.
La justicia no puede devolver los años perdidos, ni sanar el dolor o reconstruir los vínculos destrozados. Este caso pone en jaque al sistema judicial argentino y deja en evidencia la deuda pendiente que tiene con personas como los hermanos Acuña, y especialmente con la niña que creció bajo la sombra de una falsa acusación.
La historia de los hermanos Leopoldo y Rodolfo Acuña no es sólo una crónica de errores judiciales, es el doloroso relato de cómo una denuncia de abuso sexual infantil, incluso cuando es falsa, puede arrasar con la vida de una persona. Es una historia que interpela a la justicia argentina y expone sus grietas más profundas.
El caso Acuña nos recuerda que una denuncia, especialmente en contextos de divorcios conflictivos, puede ser utilizada como un arma letal, capaz de destruir la reputación, los vínculos familiares y la propia existencia. La justicia, en su intento de proteger a los más vulnerables, a veces parece olvidar la presunción de inocencia.
Saquémonos las caretas, y esa pulcritud selectiva y seamos realistas, la sociedad, al escuchar la palabra “abuso”, condena de antemano. Y la justicia, con sentencias apresuradas, termina por sellar un destino.
La absolución de la justicia, jamás puede devolver los diez años perdidos. No puede sanar el dolor de una década de silencio. El sistema judicial, que tardó una década en reconocer su error, ahora tiene una deuda impagable. Una deuda con Leopoldo, con Rodolfo, pero sobre todo, con esa niña que creció lejos de su padre por una nefasta progenitora que expuso un claro error del sistema judicial.