7 de Junio, Día del Periodista
Nunca fue fácil ser periodista, en el Chivilcoy de antaño tampoco
Portada de la edición Nº 1 del bisemanario “La Campaña” publicado el jueves 18 de marzo de 1875. Fue la primera publicación periodística editada en nuestra ciudad. (Archivo Literario Municipal “Procurador Carlos Armando Costanzo”.)Todos sabemos que la profesión de periodista es una de las más difíciles y peligrosas que existen cuando se la ejerce con seriedad y responsabilidad. Particularmente cuando se realizan investigaciones sobre temas urticantes, trabajan como corresponsales de guerra o deben cubrir notas en lugares peligrosos. Suele suceder que, aunque los buenos periodistas son un espejo de la realidad, hay personas públicas que se sienten molestas cuando se ven reflejadas en ellos y reaccionan atacándolos o censurándolos.
En el siglo XIX el periodismo era combativo y militante. No se estilaba buscar una redacción neutral o al menos que pareciera neutral; sino que por el contrario cada diario defendía a un determinado partido político o candidatos y atacaba a sus opositores. Y, aunque en teoría había libertad de prensa, después de la sanción de la Constitución Nacional de 1853, el oficialismo de turno utilizaba su poder para obstaculizar y, de ser posible, acallar a sus opositores.
En ese contexto, en Chivilcoy (que no era la excepción), se produjo el primer enfrentamiento entre el periodismo local y las autoridades.
En agosto de 1876 el Juez del Partido ordenó el arresto del periodista Nicolás S. Frecier por haber criticado al gobierno en un artículo periodístico publicado en “La Campaña”.
A las pocas horas de hacerse de dominio público la detención, se distribuyó por todo el pueblo el siguiente volante:
"AL PUEBLO”
Los vecinos que firman, en vista del atentado perpetrado anoche por el Juez de Paz de este partido, sumiendo en un calabozo al redactor del único periódico que existe en este pueblo; atentado que conculca, no sólo las libertades públicas, sino la dignidad del pueblo argentino; en vista de esta amenaza a nuestra tranquilidad e intereses, a nuestra libertad y a nuestros derechos, invitamos al pueblo para un Meeting público a las tres del día en la Plaza principal, a fin de deliberar sobre las medidas que debamos adoptar.
Chivilcoy, Agosto 14 de 1876
Federico Soáres, Julio Dobourg, Carlos A. Fajardo, Perfecto Caamaño, Gavino Alcayaga, Víctor Pechieu, Guillermo Sánchez, Antonio C, Chacón, Federico E. González, Juan A. Silva, Manuel García, Simón Oyhamburu, Luis F. Deus, CLovis Vivarés, Felipe Bonnel, Santiago Echeverri, Gustavo Romey, Fernando Bustamante, Juan Fredes, Manuel López Lorenzo, Pedro Fregatti, Juan Ladd, Evaristo Nogueras, Juan Manuel Díaz, Pedro Castro, Fernando Báncora, José Moras, Eduardo Benítez, Benjamín García, Miguel Sánchez, Andrés Creu, Luis Báncora, Juan D. Glitz, Desiderio Alcayaga, Joaquín Jofré, Emiliano De Silva, Salvador R. Sánchez”.
Inferimos que este incidente fue rápidamente superado por el periodista porque el diario siguió editándose un tiempo más. Este no fue el único enfrentamiento entre el periodismo y las autoridades. Otro caso, esta vez, bastante singular ocurrió a partir del mes de noviembre de 1876, cuando bajo la dirección de Roque Núñez comenzó a publicarse el periódico “La Opinión”. En esas circunstancias las condiciones para la libertad de expresión no estaban dadas, pues regía el estado de sitio, a raíz de la fracasada revolución del general Mitre de 1874, pero además el clima político estaba enrarecido por la agitación que provocaba en todo el país la intención del Gobierno Nacional de establecer la capital del país en la ciudad de Buenos Aires. Esto generaba mucha polémica dividiéndose la opinión pública entre los que estaban a favor y los que estaban en contra de dicha medida, parte de la cual se canalizaba a través de escritos periodísticos. A esto hay que sumarle que las autoridades, tanto locales como provinciales no eran tolerantes con las críticas a su acción de gobierno, sino más bien que las consideraban como una falta de respeto y tendían a ofenderse. Contribuía a ello el estilo periodístico agresivo de Roque Núñez. En ese contexto en el diario “La Opinión” apareció publicado un artículo que molestó al gobierno, el cual reaccionó clausurando el diario. Núñez por su parte le cambia el nombre a su diario y lo edita bajo el rótulo de “La Buena Opinión”, pero pese a este cambio a los pocos números las autoridades vuelven a clausurarle el diario.
Núñez no se rinde y decide insistir con la publicación de su diario, pero esta vez sin colocarle ningún nombre. Todos, inclusive las autoridades, sabían que era él quien estaba detrás de esa publicación, pues mantuvo la estructura de los dos diarios anteriores, pero al no colocarle ningún nombre a su publicación las autoridades no encontraron el modo de dictar la clausura del insólito diario. El mismo siguió apareciendo publicándose varios números sin nombre, pero con un estilo periodístico más suave.
Y la historia continúa…
Rubén Osvaldo Cané Nóbile