Opinión
Concejales en modo francotirador: critican todo, proponen nada
Por Rubén Darío EchazarretaNo es periodismo militante, ni bajada de línea oficialista. Es simplemente poner los puntos sobre las íes, porque ya cansa. Ya aburre. Ya indigna. Porque en esta ciudad, hay una nueva especie en auge: el concejal comentarista. Esa rara fauna política que no gestiona, no propone, no acompaña. Sólo espera agazapada, como un buitre con Twitter, a que algo salga mal para salir a picotear carroña.
Sí, hablamos de esos concejales que, sentados en sus sillas giratorias (bien acolchadas, eso sí), se la pasan señalando con el dedo todo lo que hace mal el Ejecutivo local. ¿Errores? Claro que los hay. Como en cualquier gestión real, hecha por humanos que trabajan todos los días para sacar a flote un municipio. Pero mientras el gobierno labura, estos personajes se dedican al deporte nacional favorito: la crítica sin propuesta.
Y lo hacen con una soltura envidiable. Se indignan en redes, se escandalizan en los medios, mandan comunicados redactados por becarios sin ortografía, se sacan fotos en esquinas rotas como si fueran corresponsales de guerra. Todo muy épico. Todo muy heroico. Pero a la hora de presentar una idea superadora, de arrimar una solución, de colaborar con algo que no sea su propio ego... ahí sí que no tienen nada que decir.
Porque no les interesa el bien común. Les interesa el show. Les interesa fogonear el caos para ver si, en una de esas, cae el intendente, se rompe todo, y ellos se anotan un porotito para la interna partidaria. Esa es la estrategia: ser comentaristas del Titanic mientras empujan al capitán al agua. ¿Salvar a los pasajeros? Nah, demasiado esfuerzo. Mejor postear una selfie con cara de preocupación y un hashtag indignado. “¡Indignación total! ¡El municipio no resuelve el bache del siglo!” Claro, campeón. Y vos, ¿qué propusiste?
Lo peor es que muchos de estos moralistas de cartón son parte del mismo partido político que dejó este país hecho una ruina. Sí, ese mismo, el que gobernó con la billetera vacía, el que regaló planes a mansalva mientras cerraban fábricas, el que hizo crecer la delincuencia como si fuera soja transgénica, el que convirtió a generaciones enteras en rehenes del asistencialismo. Ahora vienen a dar cátedra de gestión. Tienen la cara más dura que turrón de oferta.
Les encanta pararse en un púlpito imaginario y dar sermones sobre lo que debería hacer el gobierno. Pero ellos no hacen. Nunca hicieron. Y si hicieron, mejor ni hablemos. Porque cuando tuvieron el poder, demostraron que no les interesaba solucionar nada. Al contrario: cuanto peor, mejor. Y hoy repiten la misma fórmula, pero desde la oposición: sembrar confusión, agitar la bronca, promover el resentimiento y esperar que alguien se caiga para ver si ellos pueden subir.
¿Y saben qué? La gente no es boluda. La gente ve. La gente se rompe el lomo todos los días, paga impuestos, pone el hombro, banca las crisis, las tormentas, la inflación, la burocracia. Lo que no banca más es la hipocresía. Lo que no tolera es el cinismo. Lo que le da náuseas es ver a los mismos de siempre disfrazarse de salvadores, mientras empujan desde la sombra para que todo se derrumbe. Esos que jamás levantaron una pala, pero que tienen la lengua afilada como machete.
Por eso esta nota. Porque no nos comemos más el verso. Porque no vamos a hacer silencio mientras los parásitos de la política local se hacen los estadistas. Porque hay una diferencia muy grande entre la crítica constructiva y el oportunismo político. Porque necesitamos más funcionarios que se arremanguen, y menos concejales que actúan como trolls con credencial.
Queremos más gestión y menos acting. Más propuestas y menos posteos vacíos. Más presencia real y menos indignación performática. Si te importa la ciudad, laburá por ella. Proponé algo. Ayudá. Participá de una comisión. Llamá a un funcionario. Sumá una idea. Pero no vengas a hacerte el revolucionario de escritorio mientras esperás que el que gobierna se tropiece.
Y no, no estamos diciendo que no se puede criticar. Al contrario: la crítica honesta, fundamentada y bien intencionada es necesaria. Es parte del control democrático. Es parte del equilibrio. Pero hay que tener autoridad moral para hacerlo. Hay que tener historia, coherencia, trayectoria. Y sobre todo, hay que tener propuestas. Si no, sos sólo otro bocón con micrófono. Y de esos ya estamos llenos.
Esto no es una defensa ciega del gobierno municipal. Esto es un llamado a la madurez política. A la responsabilidad. A la vergüenza. Porque cuando uno ve cómo están muchas ciudades del país, cómo el abandono hizo nido en las plazas, en las escuelas, en las calles, y cómo acá se intenta, se pelea, se avanza… lo mínimo que se espera es que los concejales no sean un ancla.
No les pedimos que aplaudan. Solo que no jodan.
Al que le quepa el poncho que se lo ponga...