“Hasta el último día”
Testimonios en primera persona de las familias y usuarios de la granja
Ante la solicitud de un grupo de madres, LA RAZÓN visitó el espacio de recuperación ubicado en la calle Chacabuco y 123, a los fines de conocer y compartir las historias personales de sus hijos en proceso de recuperación de distintas adicciones. A la espera del avance del expediente que lleva adelante el Juzgado de Paz ante ciertas irregularidades administrativas del lugar.A casi una semana de la inspección ocular realizada por el Juez de Paz Letrado, Dr. Eduardo Banchero, en el marco de una denuncia que llega al Juzgado a través de la Secretaría de Seguridad, viabilizando un reclamo de vecinos ante cierta situación irregular en cuanto a la documentación y habilitaciones; se está a la espera de las conclusiones del análisis de los libros administrativos presentados; tras el cumplimiento del plazo de un acta compromiso firmado por los responsables del lugar en las dependencias de la Comisaría Primera.
Cabe mencionar que en su momento, el Juez Banchero indicó a este medio que su primera impresión de la inspección ocular fue “satisfactoria”, no obstante, en el marco del expediente hay que atenerse al procedimiento legal correspondiente.
La granja
Se denomina “Hasta el último día” y contiene en la actualidad a 53 usuarios. Está dividida en sectores: huerta, animales de granja, carpintería, salón de usos múltiples y comedor, cocina y dormitorios.
Nos recibe Agustín Antunovich, oriundo de Alberti y actual coordinador, “a mí la quinta literal que me salvó la vida”, resumió sobre su condición de adicto recuperado, “me interné en 2019, cuando pensaba en quitarme la vida, tocando fondo, llegué a robar para consumir, le pegué a mi papá, fuí un padre ausente, tengo dos hijitos, estaba muy mal, sólo quería consumir, no quería dejar el alcohol ni la droga, la mala vida, hasta que mi familia me llevó a internarme”.
Agustín está acompañado de Nicolás y Brian de Chivilcoy, Rubén de Junín y Matías de Olavarría, con quienes recorrimos las instalaciones, “esos tres meses fueron terribles, me costaba muchísimo, pero se me hizo un click en la cabeza y poco a poco me fui incentivando cada vez a querer llegar a ser un recuperado, veía a mi mamá con los ojos llorosos, orgullosa cuando cruzaba la tranquera y me abrazaba, volví a tener trato con mis hermanos, porque me tenían miedo cuando yo consumía, con el tiempo, venían a visitarme, jugábamos al fútbol, tomamos mates. Hoy mi viejo es mi mejor sostén, la quinta me hizo ver que tengo una familia que siempre me apoyó, solamente que el que no lo veía era yo. Hoy tengo a mi nene viviendo conmigo, un buen laburo, tengo mi familia, gracias a Dios. Hoy no ando en el camino errado; yo estoy recuperado y sin embargo, sigo viniendo a la quinta por el abrazo de los compañeros, el sentarme a tomar un mate, el buen día, es lo que me llena, lo que más sentí y lo que mantiene en recuperación, yo al menos desde lo personal, no cambiaría el ritmo de vida que llevo hoy por por nada del mundo, no volvería a ser el que fuí”.
Los chicos detallan que comienzan a las siete de la mañana, con actividad física, desayuno, tareas en los distintos sectores, terapia grupal, momentos de esparcimiento, aseo y mantenimiento de las instalaciones, “los viernes hacemos pizzas a la parrilla o al horno de barro, y los días domingos recibimos a nuestras familias”, puntualizaron, “por la noche hay seis guardianes que están resguardando y se van turnando”.
Las familias
Analía es de Junín y tiene a su hijo Milton desde hace 10 meses internado, “cumplió 22 años, estando acá dentro, la verdad que cuando lo dejé creí que duraba 10 días por todo el sufrimiento como familia que estábamos pasando, pero no, me demostró lo contrario y por eso yo estoy acá para apoyarlo y para que él pueda seguir el tratamiento. Como muchísimos chicos, porque acá somos todos realmente como una familia”.
Por su parte, Jessica Feminella es de Chivilcoy y tiene a su hijo de 24 años hace ya casi tres meses internado, “la pasamos muy mal, con su adicción no volvía a casa por días”, relató, “hoy yo puedo decir que duermo, descanso, porque sé que mi hijo está bien acá adentro, está contenido; tiene un grupo de compañeros divinos que entre ellos mismos se apoyan uno al otro y cada uno cuenta su historia”.
Estar en recuperación
Nicolás Fernández es de Chivilcoy y lleva 13 meses de internación, “tuve una infancia hermosa, pero en lo personal, entré a la droga por el deseo de pertenecer, y cosas de la vida, no pensaba correctamente. No tenía ganas de estar bien, pero llega un momento en el que tenés que parar, porque tocás fondo. En mi caso, el detonante fue que terminé solo. Mi familia no me abría las puertas, mi mujer no quería estar conmigo, los mismos chicos del consumo se alejaban, no tenía voluntad, tenía ganas de matarme, no me importaba tener problemas en la calle. Hoy en pleno proceso, estoy sin droga en mi cuerpo, hoy elijo estar bien, pongo en la balanza un montón de cosas, el mismo consumo te hace tener una falta de registro de todo. Lleva tiempo, logré tener una nueva oportunidad con mi familia, mi mujer, estoy muy agradecido con todos, cuesta, pero vale la pena. Fui papá estando acá adentro y soy muy feliz”.
Rubén tiene 39 años, es de Bragado y comparte que, “llegué con muchos años de consumo encima y pensamientos de suicidio; y encontré este lugar que de a poco me está devolviendo la tranquilidad y la paz, llegué con un vínculo familiar roto y tocando fondo, y este espacio me está ayudando a recuperar de a poco lo que perdí, a mi señora, mi familia, es dificil pero si uno se lo propone se puede”.
Brian García tiene 27 años, es de Chivilcoy y hace 11 meses que está internado, “llegué privado de mi libertad, con una pulsera, en muy malas condiciones, mal, con muchos años de consumo, perdí mi familia, mi amor propio, todo lo que una persona anhela. Hace dos meses que me sacaron la pulsera y tomé la decisión de quedarme y seguir con el tratamiento, porque este lugar me devolvió la vida, el vínculo con mi mamá, mi hijo de 3 años que se llama Benicio, que viene todos los domingos a jugar a la pelota, a correr por el parque, cosas que este lugar me fue devolviendo”.
Matías Amat es de Olavarría y también es coordinador del espacio, “hace ya más de un año que estoy internado, llegué con 20 años de consumo y gracias al lugar y a mis compañeros, pude recuperar a la familia, a los seres queridos; porque para consumir haces lo que sea; hoy el grupo es el que te sostiene, te alienta, día a día, te ayuda a seguir adelante, esto no se encuentra en todos lados, el amor y la unión, más allá de cumplir tareas”.