Inesperado voto
José Ferro: de promotor a opositor de su propia iniciativa
El concejal ex PRO, ahora líder del partido vecinalista Fuerza Chivilcoyana, sorprendió con su voto negativo para que se realicen los informes mensuales sobre los trabajos en las columnas de alumbrado en riesgo.En la última sesión del Concejo Deliberante de Chivilcoy, una mayoría ajustada -pero eficaz- rechazó el pedido de informes sobre el estado de las columnas de alumbrado público. No fue una sorpresa: el oficialismo ya tenía su jugada ensayada, incluso se deslizó que, de prosperar, el pedido iba a ser vetado. Pero lo que sí llamó la atención fue la aparición de aliados inesperados. O, mejor dicho, inesperadamente alineados. En particular, el concejal José Miguel Ferro, quien pretende abrirse un propio camino dentro de la política lugareña, con la reciente formación de Fuerza Chivilcoyana, partido vecinalista.
Ferro no es un desconocido en este tema. De hecho, fue uno de los impulsores de la ordenanza original que establecía un sistema de revisión técnica y recambio de columnas, con identificación por cuadrillas, priorización de las más deterioradas y todo un marco razonable de control. Un proyecto que, según sus propias palabras, fue puesto en marcha y está funcionando. Sin embargo, cuando tocó reforzar ese control mediante informes mensuales, Ferro dijo no. O más precisamente, votó no.
Ayer, en entrevista con Radio Chivilcoy, intentó explicar lo inexplicable. Dijo que la propuesta “había quedado reducida a un solo artículo”, que pedía un informe cada 30 días, y que eso le parecía innecesario. “Tengo hoy la capacidad de haber madurado un poco y tener un diálogo con el cual el informe lo recibo”, argumentó, como si el acceso informal a la información sustituyera el deber institucional de transparentar la gestión.
Pero Ferro fue más allá. Deslizó que el nuevo pedido de informes olía más a “politiquería” que a preocupación real por la seguridad de los vecinos. Y repitió varias veces que el trabajo se está haciendo, que el relevamiento ya cubre unas 3.000 columnas dentro de la primera circunvalación, y que hay identificadas entre 60 y 100 en situación crítica. También se refirió con entusiasmo a la metodología aplicada por la cooperativa contratada -sin licitación, según admitió- para escanear las columnas y medir su espesor.
En esta misma entrevista, Ferro pareció reafirmar todos los argumentos a favor del pedido de informes: que las columnas tienen más de 50 años, que hay peligro real de caída, que hay que avanzar con recambios, que hace falta identificación visible para los vecinos. Todo eso... y sin embargo votó en contra de que exista un mecanismo regular y oficial para informar sobre el avance, en concordancia con los 6 concejales de Britos, la radical Daiana Raulier y el massista Gustavo Bruno.
En definitiva, lo que se rechazó fue institucionalizar el control. Lo que se protegió no fue la seguridad de las columnas, sino la opacidad del manejo. Porque si hay un plan serio, bien ejecutado y con criterios técnicos sólidos, ¿por qué temerle a un informe mensual?
La paradoja de Ferro no es nueva, pero sí ilustrativa. Cuando el control depende de la voluntad del funcionario de turno, y no de normas claras, lo que se fortalece no es el seguimiento ni la prevención, sino el margen de arbitrariedad. El mismo que permite votar contra lo que uno mismo impulsó, mientras se celebra que “la idea original se está cumpliendo”.
Tal vez el problema no sean las columnas. Tal vez el problema sea la columna vertebral de algunos concejales. ¿Se dobla, pero no se rompe? Ojalá. Porque si se rompe, y cae, que no digan que nadie lo advirtió.