Reflexión
Alcoholemia positiva. Cuando el peligro viene sobre ruedas
Por Jorge Lasala*Conducir un vehículo de gran porte con casi dos gramos de alcohol en sangre es, al parecer, una de esas tradiciones no escritas en ciertas rutas argentinas. El protagonista de esta historia es Néstor Etelvino Schulz, de 43 años, quien el pasado 21 de febrero decidió llevar su camión Iveco 440 con semirremolque a un viaje algo "alegre" por el kilómetro 113 de la ruta 5, en Misiones.
El test de alcoholemia realizado por las autoridades no dejó margen a las dudas: 1,97 g/l de alcohol en sangre, casi cuatro veces el límite permitido para conductores profesionales. Y si bien el siniestro no dejó víctimas fatales, el espectáculo fue completo: una discusión encendida entre conductores, maniobras erráticas previas al choque y, según testigos, una confesión espontánea sobre una cena bien regada en una parrilla junto a su pareja. Porque, claro, nada mejor que un buen asado con un par de copas antes de subirse a manejar decenas de toneladas a alta velocidad.
Más allá del susto y los daños materiales (que incluyen la destrucción total del camión y los correspondientes reclamos judiciales), el caso vuelve a poner en primer plano una realidad incómoda para las empresas de transporte: el alcohol y la falta de descanso no sólo ponen en riesgo vidas humanas, sino que también generan pérdidas millonarias. Claro que, en este caso, el seguro probablemente no cubra nada, porque las pólizas tienen un pequeño detalle: no suelen hacerse cargo de las consecuencias cuando el conductor convierte el volante en barra de bar.
Mientras tanto, en las rutas argentinas, la combinación de irresponsabilidad, cansancio y alcohol sigue siendo una receta infalible para el desastre. Porque, al final del día, parece que algunos creen que manejar un camión no es tan distinto a manejar un carrito de supermercado.
(*) Perito en accidentología