Reflexiones

La mano derecha

Fue hace casi un mes que Elon Musk levantó su mano diestra provocadoramente durante su discurso para celebrar la toma de posesión de Trump.
domingo, 16 de febrero de 2025 · 08:00

El brazo estaba lo suficientemente alto e inclinado a la derecha pero a la vez demasiado temerario (y por eso improbable) como para que el debate se abriera entre los que sostenían que el gesto correspondía al saludo Bellamy, otros al saludo romano y otros más —que midieron el ángulo en 40° sobre la horizontal— que afirmaron que se trataba del saludo fascista. Aprovechando el frente abierto contra el wokismo, Milei salió en su defensa con tuits furiosos y días después volvió a la carga con la sentencia “Hitler era zurdito”.

La emisaria de Musk en Italia, Andrea Stroppa, dijo que la gente malinterpretó el gesto. ¿Está la sociedad híper sensibilizada y ve nazismo en todos lados? ¿Cuáles son las responsabilidades de los líderes públicos en la apropiación y normalización de gestos asociados con la extrema derecha? ¿Y en la incitación consciente? 

En el escenario de la política contemporánea, las dos figuras se perfilan como titanes de la influencia en estado de mesianismo delirante: salvadores, visionarios, guardianes de la libertad. Ya no por fe, sino por disposición de herramientas, son capaces de mover montañas de opinión pública con un simple gesto o un simple tweet. Ambos domeñan el poder de las redes sociales para difundir sus ideas. La defensa de Milei a Musk en el contexto de las acusaciones de simpatías fascistas no sólo responde a una solidaridad ideológica sino a una confraternidad en el abordaje comunicativo y en ocasiones —ya no por hermandad sino por participar en el tumulto de la misma gazapina— criminalizando el accionar de la oposición (como el ataque de Milei en Davos a la “ideología woke” llamándola “el cáncer que hay que extirpar”).

Es una forma de narrativa que intenta legitimar una visión propia del mundo. La táctica es antigua: al crear un enemigo común y utilizar un lenguaje que apela a las emociones (el saludo de la controversia es parte del lenguaje), ambos logran mantener su base de apoyo y silenciar a sus críticos. En la era de las “redes” los dos han sabido tejer una red retórica para atrapar, cazar y controlar como un depredador a su presa (un buen ejemplo son las arremetidas de Milei contra Lali Espósito o de Musk contra la secretaria de Estado de Interior, Jess Phillips, a la que llamó “bruja malvada”). Una lógica de arañas y moscas. Con maestría Bioy Casares escribió un cuento en el que se puede leer el carácter paciente y el afán destructivo del individuo de características arácnidas: “Hace mucho que tendí mis redes, que usted cayó. ¿Supone que revolotea por acá, por acullá? Desvaríos. Le juro que está en la red, por así decirlo, a mi disposición, prácticamente”.

Esa combinación de discurso anti político (como cuando Milei habla de la “casta” o las presunciones que Musk genera en otros, tal el título de “hacedor de reyes” que la revista TIME le otorgó esta semana, sugiriendo que “es Musk y no Trump el verdadero poder tras el trono”), fuertemente apelativo, confrontativo y de nervios crispados se suma al uso de las redes sociales como instrumento para acuartelar. En este sentido, es inevitable recordar las palabras de Maquiavelo en El Príncipe, donde afirma que “un príncipe debe ser un zorro para reconocer las trampas y un león para aterrorizar a los lobos”. Milei y Musk parecen haber entendido esta lección, utilizando astucia y fuerza para mantener su poder y expandir su influencia.

En dicho contexto, es interesante entender que las estrategias de comunicación se ajustan a los principios de propaganda que Goebbels identificó hace noventa años. El enemigo único, la simplificación de temas complejos (como la solución de la crisis económica resumida en la libertad individual y el libre mercado), la vulgarización (el slogan ¡Viva la libertad!) o convertir cualquier anécdota en una amenaza grave (Musk advirtió a la comunidad internacional que la próxima gran crisis de la humanidad será generada por la falta de electricidad).

Se desarrolla un juego siniestro y desconcertante donde las connotaciones fascistas se confunden con las democracias libertarias y las visiones innovadoras se anclan a un pasado deshonroso. Dado este marco de circunstancias es válido preguntarse, ¿la mano derecha fue para tanto? Y luego, tal vez, repreguntarse, ¿la mano derecha no fue demasiado?

Comentarios

17/2/2025 | 10:07
#0
No entiendo tanto palabrerio, tantas interpretaciones, tanta atencion a los gestos etc etc. Unos (desde el inicio de la historia ) ven el mundo, la sociedad y el gobierno desde reyes hasta la democracia hoy en dia desde una optica y segun donde se encuntran en esa escala. Otros todo lo contrario y buscan correrlos. Hoy la gente vota y van gobernando de acuerdo a eso. Y si cambia la sociedad votan a otro. Listo Cual es el problema? .Tanto drama?