Casos / por : Emmanuel Langone
Le rompieron el bolsillo al violento
La justicia es lenta, sí. A veces parece ciega, sorda y hasta cómplice. Pero cuando decide pegar, pega en el único lugar donde a estos cobardes de verdad les duele: en el bolsillo.Porque esta vez no fue un reto, no fue “anda a terapia, campeón”, no fue una probation ni una perimetral que él se pasaba por zonas impúdicas. Esta vez la Cámara Civil de Mar del Plata en su Sala 1, le metió la mano bien hondo en la billetera al energúmeno y le sacó nada menos que $18.000.000 de condena, que con intereses e inflación ya trepa cómodamente por encima de los $22 palos. Veintidós millones de razones para que se le caiga la cara cada vez que mira la cuenta bancaria y a sus vecinos amigos y conocidos.
Diez años de insultos, amenazas de muerte, trompadas, patadas en la puerta, expulsiones del hogar a las tres de la mañana y mensajes que daban miedo leerlos en voz alta. Diez años en los que él convirtió la casa en una jaula y a ella en una presa. La víctima, arrastró trastorno de estrés postraumático, depresión mayor e ideación suicida. Lo comprobó una pericia psicológica irrebatible y las declaraciones testimoniales. ¿Y qué dijo el genio cuando apeló? Lo de siempre, el manual del machirulo argentino: “Eran peleas normales de pareja, doctor”.
La Cámara le respondió con la delicadeza de un mazazo: “Mira pibe, tus ‘peleas normales’ violan la ley 26.485, el Convenio de Belém do Pará, la CEDAW y, sobre todo, lo que te queda de humanidad (si es que alguna vez tuviste)”. Y agregaron, sin anestesia: el daño psíquico no necesita fractura expuesta para existir. Basta con destruirle la cabeza a una mujer durante una década para que te toque pagar. Y pagó: $8.000.000 por daño psicológico; $7.000.000 por daño moral; $3.000.000 por los tratamientos que ella va a necesitar mientras este excremento siga respirando el mismo aire. A las mujeres que todavía están pensando “mejor no denuncio porque total…”, miren bien ese número: $22.000.000 y contando. A los muñecos que creen que “una manito a tiempo arregla todo” o que “las minas exageran”, miren ese mismo número y hagan cuentas: ¿Vale la pena jugarse la plata de toda una vida por cinco minutos de sentirse macho alfa?
La justicia es lenta, sí. A veces parece ciega, sorda y hasta cómplice. Pero cuando decide pegar, pega en el único lugar donde a estos cobardes de verdad les duele: en el bolsillo. Y esta vez pegó fuertísimo. Que se joda. Y que sea el primero de muchos.