Opinión
El mate sagrado
Por Diego Manusovich¿Qué es la soberanía? ¿Para qué sirve que un país y sus habitantes cuiden su mirada identitaria?
No estoy seguro de cada una de mis afirmaciones de ahora en más. No sé, tal vez ha sido el sacudón de las últimas elecciones, tal vez la lejanía con la que algunos observamos el mundo en relación con el sentir cotidiano de las mayorías. Sea como fuere, uno “mira” el derredor con un lente parcial repleto de subjetividades y arrogancias.
Pero vamos a intentar al menos algunas preguntas sobre el cierre del año.
¿Será importante para el futuro sostener una épica de la autoestima local? ¿Acaso nos servirá sentir que “algo se crea en Argentina”? ¿Se vienen tiempos en donde no importa si alguna vez fabricamos locomotoras, autos, satélites o ropa? ¿A cuántos argentinos les importa tener un país con industrias y conocimiento aplicado? Si todos tenemos un celular importado y nadie deja de dormir por eso ¿será el tiempo de “soltar” todas las pretensiones de un país inteligente que pueda también crear tractores, remedios o taladros? Así como sentimos regocijo por nuestra tradición gardeliana o la selección de fútbol ¿seguiremos acumulando orgullo en otras áreas de la vida cotidiana o debemos abandonarnos finalmente al consumo foráneo y chaupinela?
La soberanía es como aquel sentimiento de pertenencia que la colectividad forja en cada generación. La bandera, la ilusión del territorio compartido, nuestros hábitos comunes, tal vez sean sólo una moda absurda de aquellos que alguna vez soñamos con la pedantería de crear nuestra propia originalidad productiva.
Cuidar lo nuestro, proteger el trabajo calificado y la invención de artefactos y productos debería ser nuestro “mate sagrado”. Sin embargo, la globalización que comenzó hace unas décadas va haciendo estragos esta ilusión de argentinidad perdida que a muchos nos mortifica.
Seguimos pensando.-