Las calles de Chivilcoy
“No se inunda más”: la frase de Eduardo Alonso que choca con la realidad
Cada vez que llueve surgen problemas en las calles de tierra de la ciudad, pero ante el pedido del concejal Etcheverría, el director de Obras Públicas arquitecto Alonso, respondió que “los accesos están garantizados”.En las últimas semanas, las páginas de nuestro diario fueron receptoras de quejas de vecinos que viven un verdadero calvario cada vez que cae una lluvia en Chivilcoy. Calles de tierra intransitables, anegamientos que convierten en lagunas a barrios enteros, autos encajados y hasta un patrullero que tuvo que ser rescatado con soga y paciencia. La postal, repetida hasta el hartazgo, muestra que la vieja frase de campaña de Mauricio Macri -“no se inunda más”- encontró eco inesperado en boca del secretario de Obras Públicas local, Eduardo Alonso, quien el 17 de julio pasado respondió por escrito al Concejo Deliberante asegurando que la accesibilidad “está garantizada”.
La afirmación, que podría sonar a consigna de propaganda, contrasta brutalmente con lo que denuncian los propios vecinos y con la realidad que cualquier chivilcoyano puede comprobar apenas termina un chaparrón: hay calles convertidas en cráteres, pozos que parecen piletas improvisadas y barrios enteros aislados porque el agua hace imposible el tránsito.
Un proyecto que duerme en los cajones
El problema no es nuevo ni mucho menos. Ya en la primera mitad del año, el concejal Martín Etcehverría, presentó un proyecto de ordenanza que buscaba ponerle un límite a esta historia repetida. La iniciativa, con fundamentos sólidos, planteaba algo que parece de sentido común: que cada barrio, viejo o nuevo, tenga al menos una arteria pavimentada o consolidada que lo conecte en condiciones dignas con los accesos principales. No solo para los autos particulares, sino —y sobre todo— para que puedan entrar ambulancias, móviles policiales, camiones de bomberos o servicios esenciales cuando más se los necesita.
En los considerandos de aquel proyecto se subrayaba que la falta de accesibilidad no es un capricho: es un derecho básico que atraviesa cuestiones de igualdad, seguridad y salud pública. Sin embargo, el expediente nunca se trató en el recinto y, cuando se le pidió opinión al Ejecutivo, llegó la respuesta de Alonso.
La réplica oficial: “están garantizados los accesos”
En su escrito del 17 de julio, el secretario de Obras Públicas no negó los problemas, pero los relativizó con una explicación que dejó gusto a poco. Según Alonso, la accesibilidad a los barrios ya está “garantizada” mediante el estabilizado de calles que parten de las vías principales. El verdadero obstáculo, dijo, no es la falta de gestión, sino la “distribución satelital” de los barrios alrededor del centro de la ciudad, lo cual encarece cualquier plan de infraestructura.
“Hubiera sido mejor agruparlos en un solo sector, lo cual implica un costo menor en la ejecución de la red de infraestructuras”, escribió el funcionario. Y remató: realizar accesibilidad con asfalto u hormigón “es inviable por el costo”.
La explicación, que puede sonar lógica desde los números, choca de frente con la cotidianeidad de los vecinos que no logran sacar a sus hijos a la escuela, que deben empujar el auto en medio del barro o que ven un patrullero encajado a media cuadra de su casa.
El contraste con la vida diaria
Mientras el expediente duerme en los pasillos del Concejo y el Ejecutivo se ampara en la “inviabilidad” de los costos, la ciudad sigue creciendo con nuevos barrios y loteos. Y con ese crecimiento, se multiplican los reclamos de vecinos que pagan impuestos pero siguen viviendo con calles que se parecen más a un rally que a una vía urbana.
La situación, además, pone en riesgo cuestiones básicas: la llegada de una ambulancia en caso de emergencia, la entrada de un camión de bomberos o incluso la presencia de un patrullero en un operativo. El episodio del móvil policial encajado en San Francisco es apenas la muestra más gráfica de lo que ocurre en cada temporal.
La política y el barro
El trasfondo político también es evidente. Mientras la oposición busca instalar el tema con proyectos concretos, el oficialismo evita abrir el debate y opta por minimizar el problema. La respuesta escrita de Alonso, que cita la “garantía” de accesos, no hizo más que alimentar la bronca vecinal. “Si esto es estar garantizado, que venga a caminarlo él”, comentó una vecina del barrio afectado en redes sociales.
El contraste entre la letra fría de la nota oficial y las fotos que llegan cada semana a nuestra redacción con calles convertidas en pantanos pone en evidencia la brecha entre el despacho y el territorio.
“No se inunda más”… ¿en serio?
En definitiva, la frase de Macri —aquella que quedó grabada en la memoria colectiva y usada hasta el cansancio en chistes y críticas— resucitó en boca de un funcionario municipal que, al parecer, también confía en que las lluvias no generen más problemas en Chivilcoy.
Pero la realidad es tozuda: basta que caigan unos milímetros de agua para que la ciudad se vuelva un tablero de lagunas improvisadas. Y mientras tanto, los vecinos siguen esperando que algún día la accesibilidad sea un derecho garantizado, y no solo una frase para el archivo oficial.