Opinión
La décima inteligencia que los argentinos no desarrollamos
Por Diego ManusovichEsta va a ser una columna seria. Digamos que al principio va a discurrir con aplomo e hidalguía, para luego tomar vuelo con un espíritu que podría llegar a malinterpretarse como jocoso. Pero no lo es en absoluto.
Luego de la advertencia, comencemos.
El psicólogo de Harvard, Howard Gardner, en 1983, propuso que no existe una sola inteligencia, sino al menos ocho tipos principales:
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Lingüística: uso del lenguaje oral o escrito (escritores, oradores).
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Lógico-matemática: razonamiento lógico, resolución de problemas (científicos, ingenieros).
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Espacial: visualización de formas, colores, espacio (arquitectos, artistas visuales).
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Corporal-cinestésica: control del cuerpo y movimiento (deportistas, bailarines).
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Musical: sensibilidad al ritmo, tono, timbre (músicos, compositores).
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Interpersonal: comprensión de los demás (líderes, docentes, terapeutas).
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Intrapersonal: autoconocimiento y autorreflexión.
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Naturalista: observación y clasificación del entorno natural.
Gardner más tarde consideró una novena posible, la existencial o espiritual: capacidad de reflexionar sobre el sentido de la vida y las grandes preguntas humanas.
Más allá de los consensos científicos alrededor de cómo los humanos utilizamos nuestras fortalezas intelectuales para discurrir en el mundo, sin lugar a dudas hay una “décima” inteligencia que ha escapado al ojo de los científicos. No sé bien por qué, pero existe una capacidad oculta que ciertos seres sí desarrollaron en el mundo y en otros ni siquiera ha dado sus primeros pasos. Hablo de la inteligencia para asociarse con otros compatriotas para crear un país viable a largo plazo.
Sí, ya sé, me imagino. Este es el momento en donde una mueca se dibuja en tu cara. Muy bien, a pesar de que ya lo había advertido desde el inicio, este no es un vulgar jueguito de domingo.
Realmente creo que a los argentinos nos falta un resorte vital para encontrar un rumbo adecuado. No sé si se nos perdió cuando nos defendimos de los ingleses en las invasiones, o al exterminar tantos aborígenes en la campaña del desierto. En la primera interrupción de la democracia en 1930 o cuando aviones del propio ejército nacional bombardearon la plaza inocente para echar a un gobierno popular en 1955.
Lo clarito es que no encontramos el remedio.
Nuevamente, como en otros momentos tan tristes de nuestra historia, un presidente patético va a lamerle el culo a los imperios para reclamar dinero que luego se lo fugarán los mismos poderosos de siempre.
No hay caso, nos falta un tornillo, un resorte, un alambre o algún tipo de inteligencia para poder encontrar un rumbo colectivo.
En el resto de nuestra existencia, somos una sociedad amorosa y pintoresca.
Seguimos pensando.-