Opinión
La herida absurda
Por: Diego ManusovichFavaloro, Milstein, Spinetta.
Gardel, el Che, Maradona.
Mercedes Sosa, San Martín, Belgrano.
Y tantos más.
Famosos, anónimos o estridentes,
miles, millones de argentinos
que dejaron el cuero por una idea de país,
por una ilusión de desarrollo.
Y ahora Milei.
Un payaso pusilánime,
nacido de los pliegues de un fango monstruoso.
Mientras su primer candidato a diputado
por Buenos Aires se desmorona
entre vínculos con narcotraficantes,
el presidente ofrece un concierto lisérgico,
fantasmagórico,
como si el poder fuera un karaoke demente.
Trump —otro espécimen de época—
lo rescata del “nuevo acabose argento”
y juntos profundizan el pozo.
La deuda crece, la industria muere,
y nosotros —una vez más—
hundimos los sueños en un barro recurrente.
Mis padres, como tantos otros
octogenarios luchadores,
no pueden creer que deban despedirse
de este mundo con semejante vodevil desquiciado.
Evidentemente hay algo en nuestra alquimia,
esa mezcla de ADN inmigrante,
que no encuentra remedio ni mesura.
Tal vez la argentinidad
no sea una virtud ni una condena,
sino una maravillosa y simple herida absurda.
Seguimos pensando.–