Programa de intercambio del Rotary
La enriquecedora experiencia de una joven de Chivilcoy en Finlandia
Manuela Russo cuenta su experiencia en un país como Finlandia, su adaptación, las amistades de allá y que quedaron para siempre, así como las costumbres y qué les llama la atención a los europeos de los argentinos.Los cerca de siete meses que pasó la joven chivilcoyana, Manuela Russo, en Finlandia, como parte del programa de intercambio internacional del Rotary Club, seguramente le servirá como una gran experiencia de vida.
Si hay algo que queda grabado para siempre en la memoria de quienes participan de vivencias como esta, seguramente es el aprender de otras culturas y, al mismo tiempo, dar a conocer la nuestra, como una forma de enriquecimiento mutuo.
Manuela Russo tiene 18 años y es alumna de la Escuela Integral. Su proyecto es hacer el CBC de la UBA en Buenos Aires para estudiar Ciencias Veterinarias.
Estuvo en Finlandia desde agosto del 2023 a marzo del 2024. “Fue una linda experiencia. Es un país del primer mundo, súper distinto a Argentina, se ven muchos avances en muchas cosas, como en tecnología. Lo que más me costó fue adaptarme al frío, con temperaturas de 18 o 20 grados bajo cero. Tuve la suerte que en la misma ciudad donde vivía, Turku, que está a alrededor de 200 kilómetros de la capital, Helsinki, había una amiga argentina, estábamos todo el tiempo juntas y nos hicimos como hermanas, hasta el día de hoy nos estamos hablando”,
“El intercambio internacional que se hace por Rotary es llegar a un país e ir a casas de familias. Muchas veces esas familias tienen algún integrante que se fue de intercambio o no. En mi caso estuve con dos familias, más o menos dos meses y medio o tres meses en cada una. La idea es rotar para aprender la cultura del país y no quedarse con una sola experiencia”.
Educación
En estos intercambios no se descuida la educación y el departir con sus pares de otros países, es también una gran experiencia educativa. En este caso, la joven de Chivilcoy estuvo en el instituto de educación secundaria Puolalanmäen Lukio. “Por ser un estudiante de intercambio tenía un horario más tranquilo diferente al de los otros chicos, más o menos desde las diez de la mañana a tres de la tarde. El idioma finés es difícil de aprender, pero por suerte todos hablan inglés, yo llegué al país con un inglés de básico a bueno y me fui con un nivel mucho mejor”.
“Lo bueno de la escuela en Finlandia es que podés elegir tus materias, algo que es muy bueno porque se establece una muy buena relación con los compañeros ya que, al poder elegir tus cursos, todo el año vas cambiando de compañeros de clase. Las materias que seguía eran Inglés, por la escuela o podía estudiar otros idiomas en otras escuelas, y Matemática que es de muy buen nivel; además según el curso elegía Biología, Física, Química y otras ciencias”.
Costumbres argentinas y finlandesas
La joven de Chivilcoy evaluó que, en comparación con los argentinos, “la gente de Finlandia es más tímida, te tenés que acercar vos a hablarles, no es que ellos vienen a vos si sos extranjero. Pero de todas maneras me fue bien”.
Preguntada sobre alguna costumbre de los finlandeses que le haya llamado la atención, mencionó los horarios de la vida cotidiana. “No es que me costó adaptarme, pero, por ejemplo, ellos cenan entre las cuatro y las seis de la tarde. No tienen merienda como la conocemos nosotros, sino que la tienen después de la cena, a eso de las nueve y media u ocho de la noche y a las once se van a dormir”.
“Lo que tampoco me voy a olvidar es de la cantidad de nieve, se me dificultaba caminar para tomar el colectivo. Tardaba diez minutos en hacer dos cuadras. En los días más cálidos la nieve se derretía y en la noche que hacía mucho frío se congelaba y se convertía el hielo, lo que también te dificulta caminar. Se te congelaban las pestañas, nada que ver con el frío de Chivilcoy”.
Y, por el contrario, respecto a las costumbres argentinas de Manuela que le haya llamado la atención a los finlandeses, mencionó el consumo del mate. “Les hice probar algunas de nuestras comidas y postres. También les llamó la atención lo tarde que los jóvenes de Argentina salimos a una fiesta o boliche”.
“Allá se respetan mucho las normas respecto a la edad en que se puede tomar alcohol o salidas a boliches. Arrancan a las ocho de la noche y a las doce o una de la madrugada están en su casa. Acá cuando ellos se van a dormir es la hora en que recién nos estamos preparando para salir”.
En cuanto a las horas que trabajan, Manuela Russo indicó que comienzan a las ocho y terminan a las cuatro de la tarde o más. “Mi proyecto es empezar a estudiar, pero también con el Rotary tengo la posibilidad de viajar mientras estoy en la Universidad. De todas maneras, la idea es seguir viajando porque es algo que me gusta mucho”, finalizó.