Opinión
Los payasos al circo
Por: Diego Manusovich¿Qué tipo de Democracia es la que permite que un presidente tenga en vilo el presupuesto de todas las universidades públicas? ¿Qué Democracia estamos teniendo que un solo ser humano puede discrecionalmente poner en jaque a todo un sistema que permite, ni más ni menos, avanzar en el conocimiento y en la formación de nuestros profesionales del futuro?
Este acuerdo de convivencia debería ser “a prueba de locos” y en cambio permite hasta lo que resulta inverosímil.
Hoy más que nunca volvemos a insistir en un gran acuerdo nacional y racional en donde nadie pueda jugar a la ruleta con nuestras esenciales conquistas.
El sistema educativo público, gratuito y de calidad desde el jardín hasta la universidad, el sistema público y gratuito de salud y la totalidad del calendario de vacunación, la propiedad argentina de nuestro suelo, un progresivo y formal sistema de recaudación de impuestos (como en los países más desarrollados del mundo) en donde nadie que lucra se quede al margen de contribuir al estado y sobre todo los contribuyentes de más capacidad, acuerdos de precios y salarios que permitan una vida digna a todos los habitantes de nuestro país, etc.
Es decir, lejos de desarticular los controles de precios a los “lobos” del sistema (prepagas, comunicaciones, combustibles, alimentos, servicios públicos) debemos acordar sistemas de convivencia en donde cada cual pueda crecer en función del conjunto. Vivir en sociedad implica admitir equilibrios, balances, pesos y contrapesos para que todos tengamos el regocijo de vivir la vida.
Estoy muy de acuerdo en que el Estado debe ser analizado pormenorizadamente siempre. No puede ser que estos ultraliberales (que si fuera por ellos lo destruirían en 5 minutos) nos quiten la bandera de un Estado compensador. Los que sí creemos en esta institución colectiva y solidaria, debemos ser los primeros en cuidar su racionalidad con inteligencia, pragmatismo y visión comunitaria, de modo que cada centavo que depositemos en él los ciudadanos, pueda convertirse en un poderoso sistema de distribución.
Para cerrar, voy a repetir algo que ya he dicho en varias ocasiones y que también deberíamos acordar entre todos: No es suficiente crear planes sociales y depositar dinero en las cuentas de aquellos compatriotas que no tienen trabajo. Esa política pública “ad eternum” no ayuda a fortalecer un sistema que debe cuidar los recursos estatales y el esfuerzo colectivo de todos. En los países más desarrollados, hay todo un andamiaje para formar en oficios, contener psicológica y socialmente a los caídos del sistema, para que cuanto antes puedan volver a integrarse al universo productivo.
Cuidar el esfuerzo de los contribuyentes demostrando cómo se levanta rápidamente a un compatriota caído, es parte del sistema solidario que todos podemos tolerar. La idea de sostener para siempre a aquellos que han sido expulsados del sistema a través de subsidios eternos no ayuda a fortalecer la visión de un “todo” que se proyecta sólido hacia el futuro.
Seguimos pensando.-