31 de octubre Día Mundial del Ahorro

El Ahorro, uno de los valores que nos enseñaban en la escuela

Por Rubén Osvaldo Cané Nóbile
viernes, 1 de noviembre de 2024 · 08:00

Todos los 31 de octubre, se celebra el Día Mundial del Ahorro con el objetivo de resaltar la importancia que tiene el ahorro en la economía personal y de los países. Ya que si los gobernantes se manejaran con prudencia y no gastaran más de lo que le permiten los ingresos no tendríamos deuda externa. O, en todo caso si se obtuviera un crédito internacional, como un particular prudente puede, también solicitarlo, que sea por montos razonables y manejables, acorde al nivel de ingresos previsto.

Con la recordación de esta fecha, se pretende hacer tomar conciencia sobre la importancia de la prevención económica para alcanzar metas y lograr una buena calidad de vida.

Esta fecha fue establecida en 1924, cuando los delegados de varias naciones se reunieron en el Congreso Internacional del Ahorro realizado en Italia. Este fue un evento que duró varios días y que culminó el 31 de octubre. Por eso se tomó esta fecha para celebrar el Día Mundial del Ahorro.

El ahorro consiste en guardar un bien en previsión de lo que pudiera suceder en un futuro (siempre incierto), reservando parte del gasto ordinario.

Saber ahorrar es primordial para el crecimiento material y espiritual de la persona, por lo que es aconsejable que los adultos y las escuelas se lo enseñen a las/los chicas/cos para lograr objetivos y para que puedan tener una vida digna.

Los que hemos tenido la suerte de concurrir a la escuela primaria en las décadas del 50, del 60 y la primera mitad de la del 70, hemos recibido una profunda enseñanza en valores. Un tema muy recurrente en la actualidad. Era la época en que se utilizaban libros de lectura, las cuales eran todas muy aleccionadoras y didácticas. Con ejemplos de vida y conductas ejemplares. Las maestras nos hacían pasar al frente a leer en voz alta y de esa manera íbamos perdiendo gradualmente la timidez y además ejercitábamos la lectura, tanto en nuestros hogares como en clase donde éramos evaluados. Podemos objetarle a esa escuela que la historia que nos contaron no era real, que era demasiado idealista, con próceres de actuaciones intachables. E incluso que algunos no merecían tener esa categoría y otros deberían haber sido mejor considerados. Pero al margen de esos cuestionamientos, es indudable que se buscó transmitir valores y formar buenas personas. Y uno de los tantos valores era el ahorro y lo hacía a través de lecturas como la que vamos a reproducir a modo de ejemplo, tomada del libro de lectura para tercer grado Manantial, escrito por Blanca N. Braña de Iacobucci y Juan P. Vitale,  publicado por la editorial Kapelusz en 1958, titulada La Voz de la Libreta de Ahorro (pp. 122 y 123), que era la que nos regalaban, los que nos querían, para incentivarnos a ahorrar.

“La voz de una libreta de ahorro”

Al cumplir seis años Luisito asistió por primera vez a la escuela. Fué entonces cuando llenó el boletín de ahorro que dio lugar a mi nacimiento.

¡Recuerdo perfectamente con qué placer hojeaba el niño mis páginas blancas aún, salvo aquélla donde figuraba el depósito inicial de un peso!

Cada semana, el simpático amiguito agregaba una nueva estampilla: de dos, de tres y hasta de cinco pesos, aquel año en que aprobó el curso con las más altas notas.

Han pasado, desde entonces, dos lustros. Estamos en pleno invierno. Luisito, en la última semana, no efectuó el depósito habitual.

¿Estará enfermo?

No, por suerte. Aquí llega, en compañía de su padre. Me saca con cuidado del cajón de su escritorio.

Al verlo, noto en su rostro una gran tristeza. No tardo en enterarme de la causa: la madre de mi amigo está muy enferma. La familia ha gastado mucho dinero en medicinas y, ahora, el médico pide unas inyecciones de precio elevado.

— ¿Muy caras son? No importa — dice Luisito. ¿Para qué están mis ahorros? Y, presuroso, se dirige con su padre a la oficina de correos para extraer el dinero con que salvar la preciosa vida de su mamá. Al regresar, observo en el rostro del niño una expresión distinta. Hay en él un intenso brillo de esperanza.

— ¡Bravo, Luisito! — le digo. Gracias al infaltable depósito semanal, has logrado reunir muchos pesos, hoy más útiles que nunca. Dios premia las buenas acciones; tu madre sanará".

Así fué. Los ahorros del niño previsor realizaron el milagro, y esa libreta resultó ser su mejor aliada, la amiga siempre generosa, el santo arcón donde fueron a dar las monedas que las manos del niño ahorrativo supieron apartar del camino del despilfarro”.

Esperamos que quienes han tenido la bondad de haber leído este artículo compartan nuestros sentimientos y contribuyan a que estos buenos ejemplos se multipliquen.

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