Liliana Bellone

“Las raíces una las expresa a través de la literatura, porque están”

La autora del libro “Chivilcoy y Cortázar” fue entrevistada en Salta, donde reside y está trabajando en otro libro que recuerda al escritor internacional que vivió 5 años en Chivilcoy.
jueves, 30 de marzo de 2023 · 08:00

La poeta, narradora, ensayista salteña ha obtenido el Premio Casa de las Américas de Cuba en 1993 y el Premio Novelas Ejemplares de Universidad Castilla La Mancha y Editorial Verbum de Madrid, España, en 2020. Y ha publicado recientemente “Rosa de Guayaquil”. Ha escrito una obra trascendente que atestigua su talento y contribuye a las letras del continente.

La luminosidad de la palabra de Liliana Bellone abarca muchos temas e inquietudes, y la literatura -desde su oficio de narradora, de poeta, de mujer que habilita voces de otras mujeres en la ficción y en las historias de esas ficciones- es su herramienta. Docente, crítica, escritora, muchas son las facetas de esta creadora e investigadora. Toda una apuesta a una literatura universal escrita desde aquí, su Salta, su Latinoamérica, y que crece. “Rosa de Guayaquil” es su última novela, y recupera a una mujer de la historia de la emancipación continental muy viva. Otra novela, “Augustus”, de 1993, iniciaba un camino de amor por el continente y la palabra. La creadora dialogó con El Tribuno, el más prestigioso diario de Salta.

-Comencemos por “Chivilcoy” y Cortázar, ¿qué significó esa novela, ensayo, biografía?

-Chivilcoy” surgió porque viajé con Antonio Gutiérrez, mi marido, escritor también, a Chivilcoy, invitados por una editorial de Buenos Aires. Yo venía investigando acerca de Julio Cortázar, -para nuestra generación un ídolo-, trabajando la cuestión de sus raíces salteñas, raíces hondamente latinoamericanas, y aquella famosa polémica que hubo en Cuba, a través de la revista Casa de las Américas, con José María Arguedas, cuando se planteó esto de que Cortázar se sentía un cosmopolita, ni siquiera argentino, y Arguedas se lo reprocha porque él se sentía profundamente latinoamericano. Investigué esto a raíz de conversaciones, de lecturas, de las mismas palabras de Cortázar, que habló en algún momento de su padre salteño, Julio José Cortázar, hijo de la señora Arias Rengel, de viejas familias argentinas y muy arraigadas en Latinoamérica, como las de Arguedas.

-No se habla de Cortázar como hijo de un salteño…

- Sí, siempre se lo relaciona como un escritor hijo de inmigrantes, de la gran inmigración argentina, su madre descendiente de franceses, su padre, de vascos; pero nunca se dice que hay ahí una raíz hondamente latinoamericana, como el mismo Borges -que dice está emparentado con maestros de campo-. Y, de algún modo, eso lo acercaba a Arguedas, no eran muy distintos. Yo estaba investigando eso y me doy con Chivilcoy, donde él había dado clases durante cinco años, lo recuerdan, todavía hay gente que ha sido alumna de él, escribió muchos de sus primeros cuentos, incluso “Casa tomada” creo que lo escribió allí, inspirado en esas casonas de ciudad de La Pampa, casas chorizo. Y me enteré también, y lo había leído en alguna parte, lo sabía, pero en Chivilcoy apareció más nítido, de su amistad con Domingo Zerpa, el autor de los poemas quechuas. Gran amigo de Cortázar y muy importante, Zerpa, además, es muy reconocido sobre todo en la escuela, se enseñaban sus poemas. Mi papá me los recitaba cuando yo era chica. Zerpa era muy familiar… “Qué será tatita”. Esa amistad… Cortázar le había prologado un libro a Zerpa, habían estado varias veces en el Tortoni, recitando… todo eso me llevó a seguir investigando. Y es una mezcla “Chivilcoy”, como decís, de novela, biografía, ensayo, crítica literaria, un poco la enseñanza de Cervantes, la escritura desatada del capítulo 47 de la segunda parte del Quijote, que toma Severo Sarduy. Me sentí muy feliz al escribir esta pequeña obra.

- La subtitulás “Sobre los pasos perdidos de Julio Cortázar”, una remisión a otro escritor latinoamericano…

Claro, a Alejo Carpentier. Los pasos perdidos de Julio Cortázar están aquí, en Salta. Publiqué un artículo en Casa de las Américas, “Los ríos profundos y los pasos perdidos de Julio Cortázar”. Está con nosotros. Es de acá. Está lo cosmopolita, lo europeo, y también creo que eso explica ese amor a Cuba, a Nicaragua.

-¿Cómo es escribir desde una provincia?

-Es duro, porque, además, la Argentina tiene toda esta mentalidad centralista, prejuiciosa. Es como que se exige que sea una literatura regional y no universal… André Gide dice que “hay que huir por arriba de los laberintos”, hay que volar.

- Volvamos a Cortázar, están organizando con Antonio un conversatorio…

- Sí, por los 60 años de “Rayuela”, va a ser en la Sociedad Italiana el 31 de marzo, y surgió porque uno se exige en los aniversarios, y este año también es el aniversario de “Fervor de Buenos Aires”, de Borges, fue el primer libro suyo. Cien años, y “Rayuela” 60 años. En los años ‘60 fue un boom, quién no buscaba “Rayuela” y la leíamos y nos identificábamos con los personajes y encontrábamos a la Maga, a Oliveira en los amigos, los compañeros de la facultad, era así. Uno decía “esta es una Maga, este es un Oliveira”, y el jazz… y eso que Cortázar era de otra generación, del 14, era mucho más grande. Fuente: https://www.eltribuno.com/salta

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